Un escenario, de cualquier temática, se debe siempre a sus aficionados, a la gente que, acudiendo, le da vida.

Con la Plaza Mérida, uno de los templos que honran la liturgia taurina, sus aficionados, muchos de ellos viendo toros desde sus primeros años de vida (años 1940, entre varios), así lo vivieron y lo contaron al Diario, con motivo del aniversario 96 que se cumple mañana y que hoy, con una corrida interesante, se festeja por adelantado. Aquí presentamos una serie de recuerdos y vivencias, algunos tan emotivos, hechos a pluma y papel, lejos de las tecnologías:

Antonio Rivera Rodríguez, crítico y defensor de la tauromaquia en México

“Había ido a la Plaza Mérida desde los ocho años, pero aquella tarde iba invitado por mi tío Pepe, y fue especial, porque fuimos temprano a ver los toros a los corrales, después nos acercamos a la capilla, tan cuidadosamente arreglada por doña Lía Palomeque; escuchamos misa y presenciamos el sorteo y ese acto tan solemne me impresionó. Mientras mi tío Pepe me explicaba el significado de todo aquello, me condujo al ruedo y pisé la arena por primera vez. Parecía que todo cobraba vida y que todo tenía sentido. El valor de los toreros, la bravura de los toros y la memoria de las grandes figuras está escrita en las placas del patio de cuadrillas. Era mi primera vez que acudía a la plaza desde la mañana de una tarde de toros, y no me puedo imaginar como aficionado, para siempre, sin aquel día grandioso en nuestra entrañable Plaza Mérida”.

Margarita Erosa González, doctora, aficionada

“Una reconstrucción de hechos que viene a la mente: Entrábamos por la Avenida Reforma y subía por las escaleras para las barreras de sol, cuando tocaba barrera, y aún tenía los arcos que luego se cerraron para poner más gradas. Muchas tardes fui y la veía muy grande. Y no me voy a olvidar de una tarde, que creo fue en 1960, con un mano a mano entre Calesero y Luis Procuna en que cayó un fuerte aguacero, pero nadie se movió de sus asientos, por el lleno que había, por lo fuerte del aguacero y por lo que los toreros nos regalaron en el ruedo. No lo olvidaré nunca”.

Héctor Navarrete Muñoz, aficionado

“Una tarde inolvidable que me viene a la mente, así, de instante y suspiro: Paco Camino toreó como él solo sabía hacerlo. Recuerdo sus lances con el capote y su magistral uso de la muleta, arte puro, que dura en la mente y en el espíritu a pesar de los muchos años que han pasado en nuestra Plaza Mérida”.

Bertha Eugenia Espinosa Castellanos de Torre, aficionada

“Tenía 5 años y desde entonces veía toros en la televisión. Y llega Carlos Arruza, hice mi berrinche para que mi papá me lleve a los toros a la Mérida. Me llevaron y fue el inicio de una vida que, hasta ahora, no dejo de disfrutar: la fiesta de los toros. Vi a Arruza a caballo y lo recuerdo. También a “El Cordobés”, y a todos los grandes toreros que llegaron a nuestra Plaza Mérida. Era de las que gritaban, en la primera barrera de sombra”.

José Alcocer Gómez, aficionado:

“Me vienen a la mente muchas. Voy por estas: la faena de Manuel Capetillo a un toro de Piedras Negras que fue indultado. También recuerdo pidiendo toda la plaza a Carlos Arruza, en su época de rejoneador, que se baje del caballo, sólo para que le pegara una soberbia tanda de naturales. Inolvidable. Y una estocada de Curro Vázquez, si no mal recuerdo, a un toro de San Marcos”.

Fernando Castilla Cantón, alguacilillo, e hijo del administrador de la plaza:

“Entre muchos recuerdos, saber que nací y viví mi niñez y parte de mi juventud rodeado de un ambiente puramente taurino. Todo fue posible porque mi papá, Tomás Castilla García, era el administrador de la plaza. Me acuerdo que, de muy pequeño, iba al ruedo y me gustaba jugar con mi capote mi muleta. Soñaba con ser torero. Tuve mi primera emoción grande al tener ante mí a un becerro, a le edad de ocho años, y luego fui alguacilillo. Fui muy feliz todos los años que viví en la Plaza de Toros Mérida”.

Miguel Duarte Medina, aficionado:

“Desde que tengo uso de razón mi papá me llevaba a todas las corridas, así que he conocido a muchos toreros, se puede decir que a todos los que actuaron en la Mérida. Y uno de mis mayores recuerdos es que mi padre fue considerado por mucha gente como el taurino y aficionado número uno de Yucatan, Miguel Duarte “Lalandita’”.— Gaspar Silveira Malaver

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán