La segunda corrida de la Feria de Aniversario de la Plaza México finalizó con solitaria oreja para Fermín Rivera, mientras que el español Alejandro Talavante y el también mexicano Leo Valadez se despidieron sin trofeos.

Los toros de De la Mora resultaron sin trapío y descastados, salvo el primero de la tarde que se empleó con algo de bravura. Se registró casi media entrada, en una jornada en que los aficionados protestaron por la condición de los astados.

Se repite de nuevo la ecuación Talavante y toros descastados en la Monumental capitalina. Ayer, a su primero, Talavante lo toreó con el capote sin ceñirse. Más tarde el astado, de pobres hechuras, acudió lánguidamente a la muleta por su falta de casta.

El español quiso gustar a los presentes con un toreo pausado, no daba para más el toro, cambios de manos, arrucinas y desplantes desde las primeras tandas.

Se ha vuelto habitual en México ver al diestro europeo juguetear con la muleta ante toros sin exigencia alguna.

Con la res impasible ejerció el toreo con tremendismo y más malabarismos muleteros para adornarse.

Tras una buena estocada en lo alto al segundo intento, Talavante no desaprovechó la lucha del animal, que se agarraba con las pezuñas a la vida, para realizar una innecesaria interpretación de rodillas, en la cara del agónico toro, con el fin de obtener una oreja que, con razón, no le concedió el juez de plaza.

Dio vuelta al ruedo el extremeño. Al quinto, muy parado, no pudo siquiera hacerlo llegar a la muleta. Debió de usar el descabello. Escuchó un aviso.

La oreja de la tarde fue para el mexicano Fermín Rivera, quien volvía tras tres años a la México.

El apéndice pertenecía al primero del encierro, toro pasado de kilos que acudió al caballo y se prestó en los tercios metiendo la cabeza.

Los primeros compases de Rivera en la muleta fueron imprecisos, citando con el pico y la muleta muy atrasada, lo que provocó que el De La Mora le diese un revolcón al de luces. Pareció este percance centrar a Rivera que supo, al menos, ligar quieto una tanda de derechazos.

El resto de su labor, por ambos pitones, dejó la tela puesta para aprovechar las bondades de su rival sin llegar mandar al noble ejemplar lidiado.

Pecó de citar exageradamente en paralelo y de los muchos pases pocos fueron rescatables. Principalmente alguno al natural. Una estocada trasera le valió una oreja.

El cuarto de la tarde de salida quiso volver a chiqueros dando muestras de mansedumbre. Esto provocó dudas en Rivera quien lo bregó con el capote.

Conforme con la oreja ya obtenida, la actuación de Rivera fue de pases sueltos, recuperando mucho terreno entre éstos. Aliviado, en paralelo. Función ligera con un blandito ejemplar que no exigía ni daba peligro. Viajó más distancia por el albero el de luces que el toro. Erró Rivera con la espada.

Por ahora sin sorpresas en la descastada Feria de Aniversario 2025 del coso más grande del mundo.— EFE

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