Enrique Ponce y la afición de la Plaza México vivieron una despedida que, sin duda, para nada será un adiós.
Ponce, con una mala corrida de Los Encinos en su lote de sorteo, cortó dos orejas a un toro de regalo, complaciendo al público que, en casi tres décadas, le prodigó admiración. Fue, así, una despedida de triunfo y sentimiento, que parecía un adiós con voluntad, y, sí, más pena que gloria.
Antes de la sentida entrega de los aficionados en los toros quinto y séptimo, el triunfador estaba siendo Diego Silveti, que cortó dos apéndices al tercer toro del festejo, en el que Alejandro Adame confirmó su doctorado con una sólida labor al astado de la ceremonia.
La México vivió una tarde especial. En su aniversario 79, en miércoles, día hábil y en horario de domingo, la tarde taurina metió a más de 35 mil personas para el adiós de Ponce. Hubo honores a la Bandera, al ser día del aniversario de la promulgación de la Constitución, y voluntad torera. Faltaron, sí, toros.— Gaspar Silveira


