El martes 18 de marzo, fecha emblemática para México, puede ser también un día clave para la tauromaquia en el país.

La fiesta de los toros aparecerá en escena en el Congreso de Ciudad de México, a donde llegará una iniciativa con cambios para la reglamentación taurina, merced a una propuesta hecha hace unos días por la jefa de Gobierno, Clara Brugada, que fue recibida como una burla para los defensores del antiguo ritual de las corridas.

Se sabe que, de lo que la jefa gubernamental propuso de manera original, habrá cambios sustanciales. Una de sus propuestas para las “corridas sin sangre” es que el toro llegue vivo y se regrese vivo a las ganaderías, lo que va contra el principio básico de la crianza del toro bravo.

“Es impensable eso. Ellos pueden imponer las restricciones en Ciudad de México, una vez en la ganadería, el ganadero puede disponer el futuro de ese animal, al matadero o a los pastos, no requiere más que cumplir los requisitos sanitarios”, dijo el ganadero yucateco Jesús Conde Medina.

Pero hay mucho más allá en todo lo que gira en la encendida controversia.

El toro bravo, por su esencia de animal salvaje, no puede ser criado y tenido como una mascota. “Son las cosas que, tristemente, la ponencia de la jefa de Gobierno no se entiende, no se sabe quiénes opinaron para esas medidas o la nueva reglamentación que presentará. El toro bravo, su vida y muerte, es algo que ha sido vital para la liturgia de la fiesta brava a lo largo de los siglos”, comenta Antonio Rivera Rodríguez, taurino, desde las letras, los escritorios y los ruedos, en toda la geografía taurina mexicana.

Pero, coinciden varios entrevistados por el Diario sobre este tema, este es un asunto más de cuestiones políticas que de temas taurinos y animalistas. “Un tema de tintes políticos”, dice Hernán Evia Góngora, presidente de la Comisión Taurina de Mérida. “Impensable que se tomen decisiones así con algo tan grande como la fiesta brava, que produce tantas fuentes de empleo, tiene una gran tradición en México, en España y varios países de Sudamérica”.

En “La Fiesta no manifiesta”, Rivera Rodríguez y otros autores del compendio citan que, en la Península de Yucatán, documentaron 2,162 festejos en un año, entre corridas de postín (con toros a muerte), festejos populares (usanza portuguesa), choneros (charlotadas). “Muy arraigado todo en la cultura mexicana. No se entendería hoy en día una fiesta de pueblo sin su corrida de toros”, señala Rivera Rodríguez, cuyo libro, presentado en escenarios importantes de España, levantó ámpula por todo lo que se dice en torno a las festividades mexicanas y de sus pueblos.

El empresario de la Plaza Mérida, Alberto Hagar Goff, arena que ha sido bastión del toro bravo mexicano en los años recientes, comenta que la medida que pretenden tomar en Ciudad de México tiene muchos puntos de controversia, como poner en riesgo tradiciones y economía. “Por corrida, se da empleo a más de 200 personas, gente que percibe un ingreso. Y vamos desde torileros, monosabios, seguridad, taquilleros, acomodadores, cuadra de pica, cuadra de mulillas, paramédicos, además de toreros, cuadrillas, carniceros, y los elaboran las banderillas y las divisas, mozos de espadas y ayudas, puntilleros. A todos, se suman venteros en tendidos, de comida, los cubeteros y muchos más… Sería un golpe duro para todos, no sólo para los toreros”, señala el empresario de Toros Yucatán.

El matador de toros yucateco André Lagravere Peniche se sintió extrañado al conocer la propuesta.

“Me resulta complicado expresar todo lo que puedo sentir realmente sobre la las propuestas de la señora jefa de Gobierno y dar una opinión sin perder la compostura… indignante e insultante para como yo lo veo. Muchos que viven por y para esta profesión nos sentimos tan atacados, censurados y discriminados por este tipo de personajes que tienen el poder o, no sé si el poder les tenga a ellos, donde desde su posición toman decisiones a la ligera sin llegar a pensar en las consecuencias reales de las mismas, con una falta de empatía a muchas personas que viven de esta cultura de nuestra fiesta brava y que hoy en día corre más peligro que nunca”.

Agrega: “Como matador de toros la mejor forma de defender nuestra fiesta es honrando al toro y respetar profundamente mi coacción cada día que me visto de luces, porque no sabemos cuándo puede ser último”.

La cita política de hoy, 18 de marzo, puede sentar un precedente, no sólo en Ciudad de México.— Gaspar Silveira

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