La esencia de la fiesta de los toros se dejó ver en el ruedo de la plaza de Valencia.
El toro, dicen, defiende su vida ante el torero. Y el torero, trata de acabar con el toro con la espada, en la llamada suerte suprema.
El segundo astado de la corrida que cerró la Feria de las Fallas de Valencia, cuya faena Borja Jiménez brindó al rey de España Felipe VI, le propinó una espeluznante cornada al torero sevillano. El ejemplar de La Quinta le prendió de manera terrorífica al entrar a matar.
El pitón derecho del toro pareció hundirse en la parte superior del pecho del torero, quedando este colgado de él durante unos segundos que se hicieron eternos, aunque las primeras noticias de la enfermería indicaron que la cogida era menos grave de lo que se temía dado el dramatismo de la misma. El diestro sevillano sufre lesiones varias, aunque no cornada.
Las cuadrillas entraron al quite. Pasó de inmediato a la enfermería entre el silencio sobrecogedor del público, en el que, en una barrera se encontraba el rey Felipe VI, flanqueado por el matador de toros alicantino Luis Francisco Esplá y el presidente de la Real Unión de Criadores de Toros de Lidia , Antonio Briones.
Y en la tarde en que la sangre y la seda se entremezclaron, una gesta grande de Román, torero valenciano, quien tuvo que lidiar cinco bureles, cortando dos orejas. Una labor titánica la del rubio diestro, que alguna vez, aquí en Mérida, había dicho que “el toreo a veces te pone donde debes estar en el momento importante”. Y eso fue ayer para él. Un triunfo importante en una tarde de cara y cruz para su compañero Borja.



