“Mi esperanza es que, en el momento histórico particularmente oscuro que vivimos, el deporte pueda tender puentes, derribar barreras y promover relaciones pacíficas”, dijo alguna vez el papa Francisco. La frase, pronunciada cuando recibió a miembros de Athletica Vaticana, refleja una visión que acompañó al pontífice hasta el final.
Francisco, de origen argentino, falleció ayer en el Vaticano, a los 88 años. En medio de la tristeza, el mundo del deporte lo recordó como un apasionado por el fútbol y un ferviente seguidor del San Lorenzo de Almagro.
Su vínculo con el club azulgrana fue tal que conservó siempre su membresía como socio número 88,235. Las coincidencias entre su edad, 88 años, y la hora de su muerte, 2:35 (hora argentina), con su número de socio causaron asombro.
Lionel Messi, capitán de la selección argentina, se despidió en Instagram: “Hiciste del mundo un lugar mejor. Te vamos a extrañar”.
Paulo Dybala, delantero del Roma, dijo desde Madrid, durante un acto como embajador de Laureus, que “su pasión por el fútbol lo hacía aún más grande” y calificó su partida como “una pérdida muy grande en todos los sentidos”.
Desde que Jorge Mario Bergoglio se convirtió en Papa en 2013, el San Lorenzo le rindió homenajes. Ayer, en la red social X, el club expresó: “Nunca fue uno más y siempre fue uno de los nuestros. Cuervo de niño y de hombre… Cuervo también como Papa”.
Luto en Argentina
La AFA suspendió los partidos de ayer en señal de luto y expresó que Francisco “dedicó su vida a la Iglesia y nunca ocultó su pasión por el fútbol y su amor incondicional por San Lorenzo de Almagro”, equipo que ganó su única Copa Libertadores en 2014, ya con Francisco como pontífice.
Otros clubes como Boca Juniors, River Plate y Racing se unieron al homenaje, junto con instituciones como el Real Madrid, Barcelona y Atlético de Madrid.
Desde los más altos estamentos del fútbol mundial llegaron mensajes de condolencia. Gianni Infantino, presidente de la FIFA, lo describió como un apasionado: “Siempre compartió su entusiasmo por el fútbol”.
Recordó que Francisco decía que el fútbol era “el deporte más bonito del mundo” y que debía ser “una fuerza unificadora a escala mundial y una fuerza positiva para el bien”.
Aleksander Ceferin, presidente de la UEFA, lo calificó como “un faro de esperanza para toda la humanidad”, y añadió: “Ahora permanecerá huérfana de esa voz incansable que pedía respeto, aceptación e igualdad”.
Alejandro Domínguez, presidente de la Conmebol, también se sumó: “Su incansable llamado a la paz y su pasión por el fútbol quedarán grabados en la memoria del mundo”.
No sólo fútbol
El tenista español Rafa Nadal, retirado en 2024, expresó: “Día triste. Descanse en paz”.
El piloto argentino Franco Colapinto (Alpine) también reaccionó: “Un líder que nos inspiró a ser mejores personas”.
El alemán Thomas Bach, presidente del Comité Olímpico Internacional, resaltó: “Perdemos a un gran amigo y defensor del movimiento olímpico”.
Recordó que Francisco apoyó las iniciativas del COI en favor de los refugiados y que su respaldo a los Juegos Olímpicos fue “inquebrantable”.
Francisco nunca vio una final de fútbol desde 1990, pero eso no impidió que alentara al deporte como vehículo de valores y paz.
“No soy de ver partidos”, decía el Papa, aunque recibía camisetas, balones y delegaciones de clubes y atletas en el Vaticano.
Francisco impulsó la creación de Athletica Vaticana en 2017, una asociación multideportiva que busca representar al Vaticano en diversas disciplinas.
Con ellos compartió su visión de que el deporte “derribe barreras y promueva relaciones pacíficas”.
San Lorenzo, por su parte, reiteró que “hubo algo que jamás cambió” desde que Bergoglio fue sacerdote, cardenal y papa: “Su amor por el Ciclón”.
Ese amor fue mutuo. La institución azulgrana no escatimó en afecto al recordar a quien, desde la distancia, alentaba como uno más.
La coincidencia de cifras en su partida pareció un símbolo. 88 años, 2:35 de la madrugada. El número 88,235.
Más que un dato curioso, se convirtió en una suerte de epitafio simbólico para quien hizo del fútbol una herramienta de cercanía humana.
Su mensaje traspasó fronteras, camisetas y credos. Para Francisco, el deporte debía unir y no dividir, abrazar y no excluir.
Ese legado queda. Y es que, como escribió el San Lorenzo en su despedida: “Nunca fue uno más… Fue uno de los nuestros”.








