Caminaba una familia con papá y mamá ataviados con ropa típica de nuestros pueblos yucatecos (hipil la abuelita; alpargatas y sombrero, el abuelito) rumbo al magno escenario del béisbol peninsular. Se les quedaba la mirada como maravillada cuando veían a lo lejos lo enorme del Parque Kukulcán y el vecino Polifórum Zamná. Uno de sus parientes le dijo: “Y por dentro van a ver qué bonito es”. Sin duda. Bonito. Muy bonito.
Pero con las explosiones de júbilo que dan las grandes victorias, el escenario se vuelve único. Así, cuando Ramón Cabrera, con casa llena, sacó un elevado profundo que apenas tocó la barda. El recorrido de las bases, con lo que parecía un grand slam, fue de verdad grande: los Leones vinieron de atrás otra vez y, con el batazo, vencieron 6-2 al Águila de Veracruz para asegurar la serie en el Parque Kukulcán. Eso supieron los aficionados, pero luego la liga aclaró que el tablazo de Cabrera quedó oficialmente como sencillo, no como grand slam, por lo que la pizarra final fue 3-2.
La modernidad ayuda mucho para la espectacularidad. Juegos de luces, pantallas gigantes, ruido. Pero cómo lo disfrutaron los más de 10 mil espectadores que asistieron al segundo partido de la serie, y también segundo en que los melenudos dejan en el terreno a los jarochos.
Yucatán tomó ventaja con jonrón de Art Charles, pero el Águila volteó el score, pese a una sólida labor de Raúl Alcántara, quien mejoró muchísimo, pero sigue sin ganar (seis actos, dos carreras y cinco hits). Empataron en el octavo los melenudos, pero dejaron la del gane, corriendo no muy bien las bases.
Llegó la novena: sencillo de Henry Ramos, base a Charles y, con el librito, toque de bola de Winston Bernard. Llenó la casa el Águila con cuatro malas a Webster Rivas y el segundo cátcher león, Cabrera, tomó el turno de Héctor Mora. Un elevado o un “hitito”, decían aficionados, y listo. Cabrera prendió la pitcheada de Sánchez a lo profundo del derecho y el juego se terminó.— Gaspar Silveira Malaver


