Amigos aficionados…

Recuerdo una mañana en la Puerta del Sol intercambiando palabras con el último mexicano que abrió la Puerta Grande de Las Ventas de Madrid. Eloy Cavazos, con su mítica trayectoria y su ilusión que no cambia, nos dijo “ojalá y pueda ver que alguien lo haga pronto”. Él lo hizo en mayo de 1972.

Lo quiere el “Pequeño Gigante” de Guadalupe y también los mexicanos que amamos la fiesta de los toros.

Ayer temprano, día en que se anunciaba al mexicano Isaac Fonseca para una “torada grande” de Pedraza de Yeltes, Antonio Rivera envió un mensaje que nos resultó emocionante, sublime: “Una tarde más para soñar con romper el mito de las cerraduras insalvables de la Puerta Grande de Madrid, la que da y quita; la que cambia la vida. Y el toreo mexicano necesita, como nunca antes, que alguien o algo le cambie la vida. ¡Suerte a todos! ¡Mil suertes!”.

Vaya que emocionó tanto, en lo personal, la frase del admirado taurino, como lo que Isaac hizo ante un tren que fue “Brigadier”, un toro de vuelta al ruedo. Con sus 667 kilos, era una montaña frente a un lidiador diminuta complexión. Pero el corazón, y muchas cosas más, convirtieron a Fonseca en un héroe esta tarde que pudo ser de Puerta Grande de no marrar con el acero. He visto, al escribir estas líneas, seis, siete veces, ese inicio rodilla en tierra, en el barrizal que se había convertido el ruedo. Fue heroico lo de Isaac, dándole una verdadera bofetada con guante blanco a quienes, semanas atrás, decidieron prohibir los toros en la tierra que le vio nacer, Michoacán. El más importante logro mexicano en muchos años, reconocido por propios y extraños (la crítica taurina de España es durísima, pero lo que hizo este torero puso a todos de acuerdo), llega de una entidad que añora volver a ver corridas de toros.

Pasado el medio día meridano, una llamada llega en el Whatsapp desde el mismo tendido de Las Ventas en el momento en que Isaac Fonseca, el gladiador que derrotó a los gigantes con cuernos, daba la triunfal vuelta al ruedo. “¡Qué lindo es ver a un mexicano triunfar!”, señala el abogado Rafael Ramos Vázquez, quien con su hermano Raúl asistió al festejo. La felicidad de los aficionados era general, de mexicanos, españoles y todos los que vieron a Fonseca salir a morirse. Hay tardes en que vale la pena hacerlo.

Gaspar Silveira Malaver

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