Amigos aficionados…
Un comunicado emitido por la empresa de la Plaza de Toros México, con su membrete e imagen oficial, dice lo siguiente:
“Como consecuencia de la nueva legislación recientemente aprobada por el Congreso de Ciudad de México, no es posible celebrar corridas y novilladas tradicionales”.
El documento, que circuló el martes, argumenta que la reforma de ley, aprobada el pasado 18 de marzo, es en realidad una prohibición a la tauromaquia, y que lo propuesto por la jefa de Gobierno, Clara Brugada, es técnica y jurídicamente inviable para llevar a cabo el espectáculo taurino “sin violencia”, según reporta la versión mexicana del diario español “El País”.
Más claro, ni el agua. No habrá corridas de toros.
Y todo indica que la México, o sus representantes, no mantendrán la lucha por reabrirla para los festejos taurinos para que fue creada en los años 40, en el sueño de un visionario como lo fue el yucateco Neguib Simón.
De entre varios, sacamos dos párrafos: Dice que resulta técnica y jurídicamente inviable llevar a cabo lo que se ha denominado “espectáculo taurino sin violencia”, como lo plantea la nueva legislación, impulsada bajo el argumento de protección animal, y en otro, advierte que esta medida tendrá como consecuencia la desaparición del toro de lidia, una especie cuya existencia depende exclusivamente de la práctica taurina.
¿Es el final de las corridas de toros en Ciudad de México? ¿Hará algo el bando taurino para luchar contra esos argumentos, si la misma administración del recinto dobla las manos? ¿Cuánto pesa en esta determinación jurídica lo que alguna vez un empresario propuso, y que es la medida que plantea ahora el gobierno capitalino (corridas incruentas)?
Veía ayer una opinión de Andrés Roca Rey, peruano, primera figura del toreo mundial, diciendo sentir pena por lo que pasa con la regulación taurina en México, considerando que la fiesta de los toros se ve como un “botín político”. Lo dijo él y lo han señalado tirios y troyanos, aquí y allá.
Y es eso: realmente un capricho de un grupo político que, ya lo hemos dicho infinidad de veces en este espacio y en otros más, una falta de respeto de quienes son políticamente electos por el pueblo en decisiones que afectan a la sociedad, sin consultar dónde y cómo se debe, sin analizar.
Pero son ironías: la carta de la Plaza México, del martes 24 de junio, se publica en el mismo día en que, 499 años atrás, se realizó el primer festejo taurino en México. Es parte de la historia sagrada de los toros bravos: fue Hernán Cortés quien, tras descubrir los amplios pastizales del territorio mexicano, decidió criar ganado tanto para proveer alimentos y pieles, como para la lidia.
Documentos históricos certifican el primer festejo taurino de la historia de México, tomado de la “Carta de Relación” que Hernán Cortés envió al emperador español fechada el 3 de septiembre de 1526: “Otro día, que fue San Juan, como despaché este mensajero, llegó otro, estando corriendo ciertos toros y en regocijo de cañas y otras fiestas”. Se cita el 24 de junio de 1526. México comenzó a hacer suya la tauromaquia.
Mientras tanto, Madrid, la capital de España, acaba de finalizar la mundialmente famosa Feria de San Isidro, y tuvo uno de los mayores éxitos de su historia, con un aumento de espectadores en comparación con el año anterior. Se registraron cerca de 600,000 asistentes en total, y en 15 tardes se colgó el cartel de “no hay billetes”. La asistencia media en las 27 tardes de la feria (incluyendo la Corrida de Beneficencia) fue de 21,432 espectadores. El canal público de Madrid transmitió todos los festejos en vivo y sus niveles de audiencia se dispararon.
¿Tendrán idea la gobernadora y los que se oponen a los toros de esta brutal ganancia que tuvo Madrid? Y antes, lo vivió Sevilla con su Feria de Abril, y vienen luego Pamplona con su tradicional semana de encierros y millones de visitantes, miles de ellos en los tendidos y muchos más en televisión.
Estamos los taurinos en el calvario, como cuando a Jesús se le condenó sin que Pilatos encontrara argumentos para su sacrificio. No hay, en los toros de ahora, argumentos contundentes para prohibirlos, es más, han recibido informaciones que justificarían la supervivencia de los espectáculos taurinos. Así de sencillo: prohíben las corridas porque ellos quieren. Que se mueran los toros en los campos, que se queden miles sin fuentes de empleos, que muera el arte, que se diluya el sueño de ser una figura, un pintor, un cantante.GASPAR SILVEIRA MALAVER
