Algunos le llaman la curva de la decadencia, algo típico en la vida, en la empresa, el deporte y muchas otras áreas. Como sea que se le quiera llamar, los Leones están viviendo, los números lo dicen, la que es su peor temporada desde que los hermanos Arellano Hernández tomaron las riendas del club.
La gran mayoría de los aficionados está sintiendo el fracaso deportivo, considerado incluso estrepitoso, por lo que se ve noche a noche, aquí y allá, que abona a una temporada de altibajos, de inestabilidad notable en pitcheo y bateo. Todo eso tiene a los melenudos en el séptimo lugar de una Zona Sur que, se pensó, sería una pelea férrea entre los superlíderes Diablos Rojos y la novena yucateca. Hay quienes dicen: “Hasta Campeche ya está mejor” (los Piratas son cuartos del Sur).
Los Leones llegaron a la pausa por el Juego de Estrellas con un récord nada envidiable de 26-33, a 15 juegos y medio de la cima, totalmente lejos de lo pronosticado en los previos. El problema, dicen muchos aficionados, y cinco de ellos hablaron con el Diario de este tema para los “Domingos especiales”, es que no hay conexión entre bateo y pitcheo, y a veces el pitcheo se une también.
Los Leones son la ofensiva 15 en lo colectivo (.288, ya mejoraron, pues llegaron a ser últimos) y en pitcheo, aceptan 6.21 carreras cada nueve entradas, algo que, en otros años, se hubiera visto como inadmisible. El que no rendía, a casa. Pero eso desde la campaña pasada se convirtió en algo normal. Los Leones, jugando en Kanasín, tuvieron refuerzos que no rindieron como tales y se quedaron toda la temporada. Este año, han aguantado a varios que, sin hacer leña del árbol caído, no están respondiendo y allí siguen.
Este año, se salvan y por mucho, Yoanner Negrín, lanzando, y Yadir Drake, en la ofensiva, ambos con notable pundonor, luchan en todo lo que hacen.
Cambiaron de mánager, cesando a Ramón Santiago por malos resultados; nombraron interino a Oswaldo Morejón, paisano yucateco, y luego lo ratificaron. Todos quisiéramos que los números cambiaran, pero no ha sido posible, y sumaron cinco series perdidas antes de la pausa.
Entonces, dicen los aficionados, queda claro que no era tanto el mánager, sino los jugadores. Juan Carlos León, que jugó para los Leones en los 80, señala la falta de actitud de los jugadores, a los que ve derrotados. Hernán Evia Góngora, aficionado de los de cifras y análisis constantes, ve complicado que puedan levantarse si no mueven su róster y algunas piezas del cuerpo técnico; Igor Aguilar Castellanos, destacado receptor en sus tiempos, comenta que muchos peloteros llegaron con etiqueta de estrellas, pero aquí no han podido adaptarse rápido, y que no se tiene paciencia, tal vez, con algunos peloteros; Manuel Pérez Ek, aficionado, dice que sí les dará para clasificar, pero no para ir muy lejos, y Ángel Noh Estrada, periodista y aficionado, incluso va más allá del diamante: decepción en lo deportivo, convirtiendo, además, el béisbol en un espectáculo de élite por los altos costos que representa ir al Parque Kukulcán. Eso es en resumen lo que nuestros lectores y usuarios de las diversas plataformas piensan.
Y en la generalidad de los casos, la tristeza de muchos espectadores que pagan boletos, compraron abonos, a alto precio, es que los Leones, desde la mata grande (el alto mando) no están respondiendo a lo generado en los previos, faltando al compromiso con la afición que sigue asistiendo notablemente a los partidos en el Parque Kukulcán.
A muchos sorprende que los Leones no estén haciendo los movimientos pertinentes. Mencionan casos, basándose en las cifras, de peloteros como Huascar Ynoa, abridor que tiene marca de 0-4 y efectividad de 8.57 en seis aperturas y solamente 17 entradas lanzadas, ni siquiera promediando tres actos por salida. El año pasado se mantuvo todo el año a Yeison Coca con un porcentaje de bateo que rondaba los .200.
Esa es la crítica de los aficionados. Como Ynoa, varios más. Ciertamente, opina Igor Aguilar, a veces hay que dar oportunidades de establecerse, pero… ¿hasta cuándo? La campaña ya consumió más del 50 por ciento de los juegos.
Más notable la molestia es que se culpe al béisbol. Ciertamente se gana y se pierde en el juego día a día, pero este equipo que, siempre lo dijeron los dueños, “está construido para ganar y ser campeones”. Todos hablaron de “la sexta estrella” en los previos, pero no se están dando los resultados.
¿Culpa de quién? Pues es de muchos, de quienes armaron un equipo y en las correcciones en el camino no han encontrado el punto adecuado; de los jugadores, como bien dice León, aquél que llamábamos “el muchacho alegre de Maxcanú”, diciendo que “ve a los Diablos, perrones ganando, y más perrones cuando van perdiendo”.
Ángel Noh asienta algo que comparten los demás en sus comentarios: “Con bateo inconsistente y pitcheo inestable, creo que ya hay que aceptar que el equipo terminará en los últimos lugares, o a media tabla en el mejor de los casos, y ya se debe pensar en la temporada 2026”. E igual, Igor Aguilar dice sobre el timón de mando: “Llega Willie Romero, de gran experiencia, ¿pero Morejón lo pidió?” Y la lectura de Manuel Pérez: “Creo que Willie será el mánager de la siguiente temporada y por eso está desde ahora”. Hernán Evia rubrica: “¿Henry Ramos está lesionado? Sí, se tiene que ir y traer a otro”. Igual apunta sobre peloteros que y cumplieron su ciclo en el club.
Al aficionado leal le duele todo esto que vive el equipo y sueña con que enderece y clasifique, que, confiamos, lo hará. Quizá al “nuevo aficionado”, el que va a la fiesta sin importar el juego, si se gana o se pierde. A final de cuentas, así se sostiene este deporte que ahora es todo un espectáculo. Son otros tiempos, pero la esencia será siempre el juego de pelota. Que ganar se celebre y perder duela.— Gaspar Silveira






