Shohei Ohtani ha devuelto al béisbol una imagen del pasado: un lanzador tomando turnos al bate de forma constante. Desde que en 2022 se instauró el bateador designado, ningún pítcher lo hacía de forma regular. Pero Ohtani, limitado aún a apariciones cortas en el montículo, ha retomado su condición de jugador dual, algo que parecía desaparecido.

Para comprender lo extraordinario de su gesta, vale recordar la época en que todos los lanzadores bateaban. No eran conocidos por sus habilidades ofensivas, pero muchos disfrutaban la experiencia.

“Era muy divertido batear, pero era devastador la mayoría de las veces”, relató el relevista de los Yanquis, Luke Weaver.

La introducción del BD permanente en la Liga Nacional no sólo eliminó al lanzador como bateador, también transformó la estrategia de juego y la composición de los rosters. Muchos jugadores, lanzadores y bateadores por igual, han reconocido que el cambio trajo ventajas… aunque hay aspectos que extrañan.

Brent Rooker, bateador designado de los Atléticos, no comparte esa nostalgia: “No soy fanático de ver a los pitchers batear. Pienso que era una pérdida de tiempo, generalmente”.

Pero para otros, como T.J. McFarland, fue una experiencia que dejó huella.

El zurdo tuvo 18 visitas al plato entre 2017 y 2019 con Arizona, se fue de 15-1 y se ponchó 12 veces.

“Simplemente te trae recuerdos. Te hace recordar las Ligas Menores y el hecho de que podías hacer ambas cosas. Era genial”.

Zack Wheeler, as de los Filis, también recuerda con cariño esa faceta. Aunque es derecho para lanzar, batea como zurdo y creció jugando múltiples posiciones. Para él, batear era “la parte divertida del béisbol”.

Aunque los pitchers no fueran ofensivamente efectivos, había momentos memorables, como el legendario jonrón de Bartolo Colón en 2016.

La realidad estadística no favorecía a los lanzadores.

En 2021, su última campaña regular con el madero, batearon para .110, con un OPS de .293 y una tasa de ponches del 44.8 por ciento. Sin embargo, también lograron momentos de impacto, como Matt Strahm, hoy relevista de los Filis, que en 2019 se fue de 21-6 para San Diego, con un OPS de .729. Conectó su primer hit ante Adam Wainwright y recibió la pelota de recuerdo, cortesía del campocorto Paul DeJong.

“Me preguntó, ‘¿La quieres?’. Yo le dije, ‘Definitivamente. Puedes lanzarla al dugout’”, recordó.

Aun en esta nueva era del bateador designado, han surgido excepciones. El 30 de marzo de 2025, Ryne Nelson, de los D-backs, pegó un sencillo remolcador como emergente en su primer turno al bate desde la universidad, en 2018. El 30 de junio, en un juego de 11 entradas entre Rangers y Orioles, tanto Jack Leiter como Trevor Rogers tomaron turno. Se combinaron para irse de 3-0, con tres ponches. Leiter abanicó en su debut al bate en la parte baja del inning 11.

Un buen cambio

Para muchos jugadores, el cambio fue bienvenido. Michael A. Taylor, jardinero de los Medias Blancas, que jugó sus primeras seis temporadas bajo las reglas antiguas de la Liga Nacional, fue claro: “El juego simplemente se sintió bien”.

Clay Holmes, abridor de los Mets, está feliz de no tomar más turnos al bate.

“Dejar que el designado se encargue. Crea oportunidades para más bateadores, especialmente de poder, que a la gente le gusta ver”.

Wheeler no fue partidario del cambio en su momento. Disfrutaba el contraste entre las ligas y asumía con seriedad su rol como bateador. Pero reconoce que la llegada del BD universal ayudó a los Filis. Sin él, Kyle Schwarber no habría tenido espacio como titular, y probablemente no habrían vivido sus exitosas carreras de postemporada en 2022 y 2023.

“Nos ha funcionado, obviamente, con Kyle”, dijo.

En el Juego de Estrellas de 2025, Schwarber fue JMV tras destacar en un mini derby de jonrones que definió el partido. Junto a él, Brent Rooker también lució con el madero. Ambos demostraron el valor del BD moderno.

“Siempre estamos a favor del jugador y de la creación de más trabajos”, apuntó Rooker. “Más oportunidades para que los muchachos entren en las alineaciones y se ganen la vida. Eso siempre es algo positivo desde nuestra perspectiva”.

Aunque no todos opinan igual, la mayoría ha terminado por aceptar el cambio. Pero para algunos, como Strahm o McFarland, hay detalles que siguen extrañando. El primero menciona la estrategia: los doble-cambios, el uso del bateador emergente y la rotación de peloteros en el banco. El segundo rememora las prácticas de bateo, pese a no haber sido destacado con el madero. “Me gustaba batear. No era buen bateador, pero me gustaba”.

Weaver, por su parte, tiene grabadas las tareas ofensivas que ya no realiza.

“Tocar bien la pelota. Mover a un corredor. Hacer contacto y dar un hit. Embasarse. Ganarle al tiro en segunda para romper una doble matanza. Poder correr al home. Yo fui muchas veces corredor emergente en ese entonces”, relató.

“Era genial, ésos son recuerdos que conservaré”, concluyó.

Dos eras en un hombre

Y aunque el béisbol ha cambiado, Shohei Ohtani encarna lo mejor de ambas eras. Su capacidad para lanzar y batear lo coloca en una categoría histórica y especial, en un tiempo en el que su arte parecía perdido.

Su gesta no sólo es singular, sino que revive una discusión profunda sobre el rumbo del juego: la estrategia, el espectáculo, la tradición y la evolución. Mientras Ohtani siga subiendo al montículo y tomando el bate, el béisbol tendrá un pie en el pasado… y otro en el futuro.— MLB.COM

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