Entre Ichiro Suzuki, Billy Wagner y CC Sabathia —más el hijo y la viuda, respectivamente, de Dave Parker y Dick Allen, exaltados de manera póstuma— había un motivo por poner al primer japonés en el Salón de la Fama de último para hacer, ayer, su discurso en Cooperstown, Nueva York.

Entre todos, Ichiro se robó el show con un discurso de unos 20 minutos, completamente en inglés, cuando jamás habló el idioma con los medios en sus 19 campañas en Grande Ligas. El japonés hizo bromas, habló de su dedicación diaria y describió su trayectoria desde la nación nipona a EE.UU.

“Soy novato una vez más”, empezó Ichiro, el primer jugador asiático con placa en Cooperstown y quien próximamente será exaltado al Salón de la Fama de Béisbol en Japón, siendo también el primero en tener ambos honores. “Al ver ahora a estas figuras a mi alrededor, me doy cuenta de que una vez más soy un novato.

“Gracias por darme la bienvenida de manera tan cálida a su equipo”.

Para Ichiro, un estudioso de la historia del béisbol, esta fue su novena visita a Cooperstown. Las otras veces habían sido mayormente de índole personal, para ver todo lo que ofrece el Salón de la Fama. Ahora, fue con todo lo que conlleva ser un nuevo miembro del Museo de los Inmortales. En eso sí fue un novato Ichiro, el Rey del Hit global con 4,367 entre la Liga del Pacífico de Japón y Grandes Ligas, además de protagonista de 10 temporadas de 200 hits o más y el récord en una sola campaña con 262 en el 2004, entre muchos otros logros.

“Las primeras dos veces, fue más fácil manejar las emociones, porque mi meta siempre fue clara: Jugar a nivel profesional al más alto nivel”, comentó Ichiro, quien jugó en las Mayores de 2001 al 2019. “Esta vez, es tan diferente, porque como niño, nunca pude haber imaginado que mi camino me llevaría a un lugar sagrado del béisbol que yo ni siquiera sabía que estaba aquí”.

Ichiro contó algunos chistes también.

Dijo que sin todos esos números en el terreno la gente pensaría que sería “sólo otro payaso”.

También bromeó que el único votante de la Asociación de Escritores de Béisbol de Norteamérica (BBWAA, por sus siglas en inglés) que no votó por él para el Salón ya no estaba invitado a su casa para cenar, como había expresado en enero cuando se revelaron los resultados de las votaciones. Pero uno de los temas principales fue su dedicación diaria, algo que todos vieron en sus tiempos como jugador activo.

“El béisbol es mucho más que batear, tirar y correr. El béisbol me enseñó a tomar decisiones con los valores sobre lo que es importante”, expresó el exjugador de los Marineros, Yanquis y Marlines. “Ayudó a formar mi mentalidad sobre la vida y sobre el mundo.

“El béisbol me enseñó lo que es ser un profesional. Creo que ése es el principal motivo por el que estoy aquí hoy, no porque mis habilidades sean mayores que las de otros. No pude haber logrado todos esos números que los escritores reconocieron sin la atención a los pequeños detalles todos los días, de manera consistente, durante cada una de esas 19 temporadas. Mírenme. Mido cinco pies con 11 pulgadas y peso 170 libras”.

Ichiro, ante una gran camada de fanáticos de los Marineros, también habló de la importancia de darle a la afición el mejor espectáculo posible “Los fans merecen ser entretenidos cuando eligen ir al estadio”, dijo.

Todo en familia

Sabathia, autor de 251 victorias y 3,093 ponches en Grandes Ligas con Cleveland, Milwaukee y los Yanquis, centró su discurso en su familia. En particular, reconoció a su esposa, su abuela, sus tías y sus hijas.

“Ha sido un largo camino desde Vallejo, California”, dijo, refiriéndose a su ciudad natal en el norte de California, cerca del Área de la Bahía. “Y no hubiese llegado así de lejos sin la orientación y la manera de reubicarme de las mujeres en mi vida”.

Sabathia entró al Salón con una gorra de los Yanquis, equipo con el que jugó del 2009 al 2019. En un momento renuente a firmar con los Bombarderos del Bronx, ahora el exlanzador afirma que fue una decisión acertada. Pero, eso también dependió del consenso de la familia.

“Nos dijimos, ‘Jugaremos en cualquier parte del planeta, siempre y cuando nuestra familia esté unida’”.

El que más emociones expresó fue Wagner, el octavo relevista en el Salón y el zurdo número 20, pero el primero con ambas condiciones. Autor de 422 juegos salvados, Wagner tuvo que aprender a tirar a la zurda a los 10 años tras fracturarse el brazo derecho. Y más adelante, tuvo que aprender a ser relevista, tras ser abridor todo el camino en menores.

“Empecé como fan, antes de siquiera poder jugar”, dijo Wagner, quien brilló con los Astros, Filis, Mets, Medias Rojas y Bravos.

“Ahora, me encuentro aquí entre ustedes. Es difícil de creer.

“Esta trayectoria fue impulsada por mi amor por el juego, las lecciones del juego y el amor y apoyo que recibí de mi familia, mis compañeros y mis coaches”.

Presentes

En la víspera de la ceremonia de exaltación, el hijo de Parker, David II, aseguró que su padre —quien falleció el 28 de junio— estaba presente de alguna manera. Ayer, la viuda de Allen, Willa, expresó lo mismo.

En el caso de David Parker II, el hijo de la “Cobra” habló bastante sobre el liderazgo que demostró en sus tiempos con los Rojos, Atléticos y Cerveceros, siendo un mentor para figuras como Eric Davis, Barry Larkin y Gary Sheffield

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