Amigos aficionados…
El toreo, como en la vida, siempre está lleno de virtudes y defectos, además de rivalidades. La competencia es sana, claro, siempre que sea adecuada.
Sobre este tema, vaya polvorín que se ha levantado por una supuesta intención de Morante de la Puebla de torear como sustituto en un cartel en Santander donde la estrella era el peruano Roca Rey. Morante, la máxima figura del momento, se ofreció a torear en sustitución de Cayetano, incluso donando sus emolumentos a una causa benéfica, pero Roca Rey, se informa, no lo aceptó. Fue “El Cid” el que entró al cartel en la Feria de Santiago.
Se hizo una rebambaramba. Roca Rey había tenido el mismo asunto con otro matador sevillano, Daniel Luque, con quien ha vivido roces muy sonados. Ya salió el inca a decir que no hay veto alguno, pero ya todo mundo habla de que sí lo hay.
Como sea, explicable ha sido y es que las grandes figuras se opongan a torear con ciertos matadores, muchas veces pensando en las formas y conceptos diferentes de cada diestro. Eso ha pasado en toda la geografía taurina y ni se diga en los ruedos de México.
Vienen desde los años de la famosa época de oro del toreo, que inmortalizaron Joselito “El Gallo” y Juan Belmonte, de estilos opuestos. Más adelante, la de Manolete con el mexicano Carlos Arruza, y las de Luis Miguel Dominguín con Antonio Ordóñez. Se recuerda la rivalidad que formaron, por ejemplo, Paco Camino, figura española, y Manolo Martínez, el número uno de México. El regiomontano decía que nada mejor que torear con los mejores. Compartieron numerosos carteles y protagonizaron tardes de gran rivalidad en todas las plazas donde les anunciaban.
Más recientemente, en nuestro país, el difunto Rodolfo Rodríguez “El Pana” fue bloqueado por varios toreros. Se pasó años sin torear casi nada hasta que llegó la oportunidad de ir a la Plaza México, supuestamente para despedirse y, como él me platicó una vez en las calles del viaducto, frente a la Monumental, “era solo para que me retire y les deje de molestar”. Ciertamente, el “Brujo de Apizaco” toreó, gustó, triunfó y trascendió. Aunque muerto, sigue siendo figura recordada.
José Tomás y Enrique Ponce tuvieron su pique y no se dejaban anunciar juntos. Sobre eso se centraba una admiración personal que tuve por “El Juli”: era el único que no evitaba a nadie, ni evadía ferias ni plazas, como hacen la mayoría. Como gran primera figura del toreo.
Se quedaron muchas en el tintero. Y así que, veto o no, ya hay pique entre Roca Rey y Morante. Gaspar Silveira
