Amigos aficionados…
En menos de ocho días se fueron de estos paraísos terrenales dos hombres importantes de la fiesta de los toros. A lo mejor nunca vistieron de luces, pero su aportación a la tauromaquia se reconoció siempre.
Uno, José Francisco Coello Ugalde, queretano, de San Juan del Río, que dejó para la posteridad una veintena de libros impresos y, dice altoromexico.com, media centena de obras virtuales que son un verdadero legado para la más bella de las fiestas.
Un hombre ilustre, letrado de los buenos, sin fanfarrias, simplemente diciendo lo que se debe saber sobre los toros.
El otro, y cuyo deceso repentino tuvo lugar aquí en Yucatán (en la playa de Progreso), fue el de Antonio Calera-Grobet, que fue famoso por todo lo que hacía en su hostelería “La Bota”, un conocido centro de expresiones culturales frente a la Universidad del Claustro de Sor Juana, en el histórico de Ciudad de México.
Antonio Calera, relata su tocayo Antonio Rivera, “siempre nos daba un espacio en la FIL en el Zócalo y abría su restaurante para tertulias taurinas”.
Invitó a Rivera y a los gestores de la obra “La Fiesta no Manifiesta” a presentarla al Zócalo. Y dice Rivera Rodríguez que, “cuando nos presentó, se refirió a Yucatán como ‘la gran nación, la tierra prometida’”.
Y a todo esto de las muertes inesperadas de dos genios de las letras y los espacios taurinos, me vino a la mente una rápida, pero rica charla con Andrés Amorós, que es uno de los emblemas de una época notable de escritores sobre la fiesta brava. Fue en una barrera de sombra en la Plaza de Las Ventas de Madrid que me lo encontré. Le pedí una foto del recuerdo y me dijo entre risas: “Si no soy torero”. Claro, no torero, pero sí figura de las letras de esto que tanto nos apasiona.
Y dijo: “Que nunca muera la expresión taurina, ni los deseos de escribir y manifestar nuestras pasiones”.
Intercambiamos correos y nos escribimos alguna vez. Él es un ya veterano de estas lides, ensayista, historiador y crítico literario, doctor y catedrático de universidad, colaborador como crítico taurino en el periódico ABC y en Libertad Digital. En dos palabras: Una figura, aunque él diga que no.
No debe morir nunca la libertad de expresión, ni el deseo de escribir. Aunque los genios se vayan, aquí estarán sus obras, siempre.
Réquiem por don Paco Coello y por Antonio Calera. Celebro la vida de don Andrés Amorós.— Gaspar Silveira Malaver
