Ramiro Rubio Harrison (de pie), con Géner Rivero, Juan Carlos León y Pilar Rodríguez, cuatro que fueron valiosos peloteros de Liga Mexicana y de los pueblos peninsulares, ayer durante el desayuno en Motul
Ramiro Rubio Harrison (de pie), con Géner Rivero, Juan Carlos León y Pilar Rodríguez, cuatro que fueron valiosos peloteros de Liga Mexicana y de los pueblos peninsulares, ayer durante el desayuno en Motul
  • Ramiro Rubio Harrison (de pie), con Géner Rivero, Juan Carlos León y Pilar Rodríguez, cuatro que fueron valiosos peloteros de Liga Mexicana y de los pueblos peninsulares, ayer durante el desayuno en Motul

Una inmensa lista de recuerdos de grandes épocas revivió la mañana de ayer en la tierra de los legendarios Cardenales de Motul.

Y es que casi una veintena de hombres de béisbol que destacaron en el firmamento profesional y amateur se dejaron ver durante una reunión bautizada como “Café de Leyenda”. Solo de reencontrarse, hizo que las lágrimas afloraran en algunos de ellos. Tal vez mil años en edades y dos, tres siglos de experiencia con sus vivencias en los diamantes.

Entre café y huevos motuleños fluyeron los recuerdos en el Museo del Béisbol en el Bar Buenfil. Tres integrantes del equipo campeón de los Leones de Yucatán estuvieron presentes, con el emblemático Pilar Rodríguez, el “Caballo de Hierro”; Géner Rivero Ancona, el “Príncipe de Temax”, de los mejores infielders en la historia de la Liga Mexicana, y Juan Carlos León Torres, yucateco surgido de la academia de Pastejé y amigo de todos.

Además, leyendas como Ramiro Rubio Harrison, el “Goliat” que jugó con los Tigres Capitalinos de los 60; Tony Burgos Ayora, de Oxkutzcab, y parte de los Leones. Y de más reciente, Norberto Burke Gaytán, un cachanilla que tomó agua de pozo mientras fue león y se quedó en estos lares; Sergio Rubio Ortiz (hijo de Ramiro); Jesús Arturo Félix, otro que vino de beisbolista profesional y ya tiene INE de casa, y Wilbert Ortega, zurdo yucateco que lanzó muchos años en la LMB.

Pero una de las riquezas del béisbol en Yucatán es lo que sus pueblos y las colonias de Mérida han dado.

Entre los pósters de los emblemáticos Cardenales motuleños de mitad del siglo pasado, en paredes decoradas con cartones de huevos, y fotos de otras leyendas de casa, aparecieron Juan Castillo Baeza, el que fuera “Acorazado de Bolsillo” de Dzilam González; Crescencio Park Lee, coreano legítimo que fue gran cátcher, y Carlos Segovia, el autor de la joya de pitcheo más larga en Yucatán: 21 ponches en un juego de nueve entradas en la primera época de la Liga Meridana.

“Es increíble que, después de muchos años, podamos ver a estos amigos, grandes personas”, dijo Pilar, quien atesoró récord de 9-0 y fue campeón de ganados y perdidos en 1980, además de monarca con los melenudos de 1984.

Temas hubo muchísimos. Los Leones y sus equipos de aquella época (Géner brilló con los Cafeteros de Córdoba antes de volver a su terruño para izar el banderín en el 84).

“Eran otros años, otro béisbol”, dice el “Príncipe de Temax”, siempre de vaqueros y botas, sin dejar de lado su amor por el campo y los caballos. “Pero lo amamos porque es nuestra identidad”.

Armando Lara Canto fue el gestor de esta reunión. El presidente de la Liga Motuleña, con un mural en este Museo del Béisbol, guarda amistad con muchas de las figuras, y varias que no asistieron enviaron mensajes de disculpa, esperando verse en alguna otra ocasión.

Entre setenteros y ochenteros, con bastón, caminando lento, ojos brillosos, canas o escaso cabello. Un alucine para muchos.

Voz autorizada

La actualidad de los Leones fue importante en la charla.

En algo no hay duda en su coincidencia: “El béisbol se juega con amor a la camiseta. Y eso faltó”, dijo Juan Carlos León, egresado de Pastejé con grandes figuras de los 80. Y Pilar lo sostuvo: “Duele como aficionado, yo soy yucateco y así lo siento. Faltó entrega, amor a la camisa, amor a Yucatán”.

Entre el lamento de lo vivido por los Leones, queda el recuerdo de lo que a ellos les tocó aportar durante sus años vestidos de peloteros profesionales.

De allí, señala Valerio Buenfil, el anfitrión, de lo valioso de este encuentro.

“Tenerlos juntos, que nos cuenten sus anécdotas, sus vivencias. Son un tesoro de Yucatán”.

Fraternal abrazo

La cara de Juanito Castillo cuando se fundió en gran abrazo con Carlos Segovia, las bromas coloquiales de Tony Burgos a todo aquél que le diera el saludo, las de Ramiro Rubio. Firmó un autógrafo a un jersey llevado por Eduardo Puerto López y el de Dzilam dijo: “Mare… me siento emocionado de firmar un autógrafo”.

El café y el plato tradicional de Motul se disfrutó en grande. Las fotos fueron obligadas y el ofrecimiento de que se vuelvan a encontrar, quedó más que listo. Hay historias para un libro.— Gaspar Silveira Malaver

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