El rejoneador Antonio Ortega aparece con el novillero Manolito Soto y el padre de éste, Manolo Soto, reconocido torero de ruedos peninsulares que no oculta la alegría por ver a su hijo en la Plaza Mérida
El rejoneador Antonio Ortega aparece con el novillero Manolito Soto y el padre de éste, Manolo Soto, reconocido torero de ruedos peninsulares que no oculta la alegría por ver a su hijo en la Plaza Mérida

Amigos aficionados…

Se difundió ayer la noticia de la muerte repentina de un torero de pueblo. Qué digo torero de pueblo: un gran torero de pueblo.

Eso fue Manolo Soto para muchos que vimos corridas en los tablados de cualquier parte de la geografía taurina peninsular.

Se acaba con él una gran historia, una lucha enorme de alguien que quiso ser torero y logró, con esfuerzos y sacrificios grandes, ganarse un lugar importante.

A lo mejor los que sólo van a las plazas grandes no tienen idea de la trayectoria de Manuel Soto Ortiz (nacido el 23 de abril de 1950 en Ciudad de México). Pero la gente del pueblo, de los festejos populares, sí. Así lo detalla Eduardo Puerto López en su “Burladero de Sin Sin”.

Él, Mariano Canto, Salvador Andrade “El Pebo”, Víctor Díaz “El Chavalillo”, más otros que fueron más lejos, como Armín Puerto “El Maya”, don Álvaro Cámara. De cuña más reciente, Joselito Canto, “El Teto” y su hermano “Kiko”, los Ventura padre e hijo, “El Zorrillo”, los “Tachuela”, los “Chinos de Tahmek”, “Chamaco” Balam. La lista sería interminable y si se menciona a estos, es sólo una referencia. Nadie más que otro. Todos fueron o son parte del legado taurino de Yucatán.

A Manolo Soto le vi en mi querido pueblo, Tixkokob, varias veces. De muchos kilos, sí, pero de un corazón y valor que no tuvieron freno. Cada fiesta de San Bernardino en mayo, era común ver su nombre en los carteles que pintaba otro artista grande, don Andrés Pool.

Publica Península Taurina detalles interesantes: llegó a Yucatán en 1964 y tomó la alternativa en Ticul en 1967, con 17 años de edad. Su padrino fue Abel Flores “El Papelero”, con el testimonio de Jorge Oliva y toros de Quiriceo. El doctorado estuvo avalado por la Unión de Toreros de Yucatán.

Me causó mucha emoción cuando, editando el libro “Legado de la Fiesta en Yucatán”, nos topamos una foto en que el hijo de Manolo, Manolito Soto, se vistió de luces para actuar como novillero en un festejo mixto en la Plaza Mérida. Aparece, orgulloso, con su sonrisa fingida, el padre junto al hijo. Habrá sido grandioso el honor de Manuel Soto Ortiz ver partir plaza a Manuel Soto Alonso en el coso máximo.

Me quedo con ese recuerdo, y los que mis infantiles pupilas vieron en el tablado de La Placita. Recuerdo al sobresaliente de la Plaza de Las Ventas, Álvaro de la Calle, cuando me dijo: “Es que torear en Madrid es algo único”. Igual vestirse de torero para ir a los pueblos, sobre todo los más lejanos, a lidiar cebúes o toros matreros. Algunos les llaman choneros, pero creo son los que más verdad le dan a la tauromaquia. No hay hospitales ni seguridad en muchos kilómetros a la redonda. Solamente es el deseo de ser alguien, de ganarse los aplausos y unos pesos, jugándose la vida en serio.

Réquiem por Manolo Soto. ¡Torero caro!Gaspar Silveira Malaver

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