El béisbol de estos días está dejando con la boca abierta a quienes están viendo a los lanzadores de los Dodgers de Los Ángeles labrar gemas en la Serie de Campeonato de la Liga Nacional.

Juego 1: Blake Snell retiró con 24 bateadores ocho entradas, en el mínimo (toleró un hit, pero el bateador-corredor fue out en intento de robo). Lo sacaron y casi pierde el partido.

Juego 2: Yoshinobu Yamamoto lanzó pelota de tres hits para lograr el primer juego completo en postemporada en ocho años.

¿Ocho temporadas sin nadie que cubra la distancia de nueve entradas en partidos de postemporada?

Es el béisbol moderno: los abridores rara vez llegan a la sexta. Los relevistas están calentando desde las primeras entradas, y en muchos casos son cinco actos para el abridor y van a entrada por cada relevista. Los box scores están llenos de pitchers.

Los Marineros de Seattle, jugando la Serie de Campeonato de la Americana ante los Azulejos de Toronto, lograron un primer partido con sus serpentineros haciendo cien disparos de manera combinada. Esa fue otra de las grandes noticias de estos días recientes.

Snell tiró 103 y lo cambiaron. A Yamamoto le aguantaron y terminó con 111 y el juego completo del japonés fue el primero en playoffs para un lanzador de los Dodgers desde 2004, cuando cubrió la ruta José Lima ante San Luis.

Los tiempos son otros, sin duda, y salieron a relucir proezas de otras épocas que, por la forma en que se juega ahora, sería difícil de emular o acercarse siquiera.

Luis Tiant, un cubano que brilló intensamente en Grandes Ligas y cerró su carrera en Liga Mexicana (lanzó para los Leones de Yucatán en el Kukulcán), tiene un registro único en la historia de las postemporadas: el 15 de octubre de 1975 lanzó partido completo para los Medias Rojas de Boston en la Serie Mundial ante los Rojos de Cincinnati, haciendo la impresionante cantidad de 163 pitcheos. Había relevistas, ciertamente, pero pocos, y los abridores sabían de la clase de enfrentamientos que había que realizar. Era subir a entregar todo.

En el Clásico de Otoño de 1981, Fernando Valenzuela cerró ponchando a Lou Piniella para la victoria de los Dodgers en el Juego 3 ante los Yanquis y la narración del “Mago” Septién habla de que el pitcheo 149 del “Toro” sirvió para el chocolate de Piniella y abrió la senda a los angelinos para izar el banderín de Otoño.

Otro dato que surgió tras la hazaña de Yamamoto y su juego completo: Christy Mathewson, leyenda de inicios de 1900, logró diez juegos completos en Serie Mundial para los Gigantes de Nueva York. En aquellos tiempos, era Clásico de Otoño directo. Y lo de Yamamoto asusta.

Otros tiempos… no hay duda.— Gaspar Silveira

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