Eso de disputar un Juego 7 siempre va a ser uno de los volados más duros, más cuando el béisbol se juega tan cerrado y preciso.

Los Azulejos de Toronto, quizá el equipo más agresivo, en el buen sentido de la palabra, y con argumentos distintos todos los días para venir de atrás, sellaron su boleto para la Serie Mundial con una victoria 4-3 llena de drama sobre los Marineros de Seattle que, con estrellas aquí y allá, no supieron mantener la presión.

Seattle, con una de sus mejores versiones, seguirá siendo el único de todos los equipos de la Gran Carpa que nunca ha disputado un Clásico de Otoño.

Los Marineros estuvieron muy cerca de lograrlo en el partido decisivo en el Rogers Centre, con toda la afición al rey de los deportes siguiendo el choque para conocer al rival de los Dodgers de Los Ángeles en el Clásico.

Fue, no hay duda, uno de esos juegos que el aficionado vive y recuerda. Y ni se diga lo que sienten los peloteros. Decía Yoanner Negrín previo al Juego 7 de la Serie del Rey de 2022 en Monterrey (lo ganaron los Leones): “Yo quisiera estar allí”.

Hay quienes lo soportan. Hay quienes no.

George Springer, una de las figuras de los Azulejos, lesionado el viernes, no quiso perderse nada. Y en la séptima entrada se puso la camiseta de héroe, contrario a Bryan Woo, de mal relevo, que antecedió a Eduard Bazardo, quien fue por el centro con un sinker de 96 millas. Fue un regalo para Springer y la pelota se fue. Allá se definió todo. Seattle, que ganó los primeros dos en Toronto, no pudo recuperarse, a pesar de jonrones de su mejor carta, Cal Raleigh, y Julio Rodríguez. Ahora, a esperar otra larga temporada luego de este fracaso.

Los Azulejos, bicampeones en 1992 y 1993, tratarán de detener el ascenso de los impresionantes Dodgers hacia su segundo título seguido en la Serie Mundial.

Liderados por Springer, Vladimir Guerrero Jr. (“MVP” de la Serie de Campeonato) y el receptor mexicano Alejandro Kirk (clave del line up, defendiendo y bateando), ahora recibirán el viernes a los Dodgers de Shohei Ohtani, junto con Mookie Betts y Teoscar Hernández en una inédita versión del Clásico.— Gaspar Silveira

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