La Serie Mundial de 2025 está cumpliendo con el sueño dorado de los aficionados (por encima de pedir las entradas extra, en que se usa esta expresión): ¡Que haya grandes juegos!
Y el tercer choque del Clásico de Otoño fue como les gustaría a los guionistas de Hollywood: mucho drama, importantes estrategias y grandes actores.
Tienen a un mexicano llenito que está dando clases impresionantes de defensiva como receptor y bateando también, haciendo de lado aquella expresión de que, por su peso, no podría hacerla. Y, entre otros, a un súper astro llegado de Japón que no deja de maravillar. Los Dodgers de Los Ángeles, en una batalla grande, iban empatados 5-5 con los Azulejos de Toronto, en un gran Juego 3 de la Serie Mundial, luego de 13 entradas y más de cinco horas de partido.
Shohei Ohtani bateó otros dos jonrones y tuvo un doble clave que empató el encuentro, hasta que el alto mando de los Azulejos decidió algo que parecía lógico: darle base intencional, no una ni dos veces, sino tres. Al estilo Barry Bonds y Aaron Judge. Este nuevo Godzilla es único y verle en est situación era de esperarse.
Y del lado de los Azulejos, Alejandro Kirk está siendo su diamante. El mexicano bateó otro cuadrangular fundamental, pues los Dodgers ganaban 2-0 cuando el de Tijuana puso la pelota en los bleachers del central, un bombazo de tres carreras. Kirk igual tuvo otro hit y una base, y como cátcher hizo jugadas clave, como sacar en segunda en intento de robo a Ohtani (el japonés se salió de la base), y aguantar en el plato una barrida de su colega Will Smith, cuando los Dodgers amenazaban seriamente con hacer daño.
Una gran oportunidad, igual, para ver el que pudo ser el adiós de dos leyendas: Max Scherzer, abridor de los Azulejos (cuatro y dos tercios, tres carreras y cinco hits), y Clayton Kershaw, quien entró en la entrada 12 para lanzar con casa llena ante el zurdo Nathan Lukas, quien bateó un rodado que pasó con el guante el camarero Tommy Edman al inicialista Freedy Freeman, en un out milagroso. Los Dodgers llenaron la casa en la 13a., con dos bases intencionales seguidas (a Ohtani y Mookie Betts), pero Freeman elevó profundo al central y se diluyó la amenaza, extendiendo el encuentro aún más.— Gaspar Silveira Malaver


