Amigos aficionados…
Me retumba un anuncio de la radio que mis entonces castos oídos escucharon en 1979 cuando, en la camionetita de batalla de don José Polanco, nos llevaban a Motul, donde mi padre dirigía una cuadrilla de albañiles que construía el banco Banrural, un ente fundamental en esos tiempos para las lides agrarias en la tierra de Carrillo Puerto.
Quizá fue mi primer contacto con el mundo de los toros, el de verdad, más allá de las corridas que ya veía en el tablado de mi querido Tixkokob. Les relato lo que mi mente me traía mientras velaba sus restos, entre decenas de anécdotas, pero esa de manera especial. El anuncio decía casi así: “14 de julio… No te pierdas la gran inauguración, Plaza de toros Monumental Avilés de Motul: Manolo Martínez, Curro Leal, Cruz Flores, con finos toros de Javier Garfias…” (los nombres de los tres toreros, alargados en el deletreo del anunciador). Quizá por eso lo recuerdo tanto.
Él sí fue a aquella tarde del 14 de julio de 1979. Aprendía a leer, pero pude ver el Diario y otros que llegaban a casa de mis abuelos la reseña, el lleno, la tarde de triunfo. Cuando platicaba algunas veces con él, especialmente en los días finales, a veces salía a colación que jugó béisbol y sóftbol, boxeó, fue volibolista, “pero torero, ni ma… eso no, no cualquiera”.
Ciertamente, no cualquiera torea. Pero leer que lo hacía bien y era su pasión, a pesar de no terminar ni la primaria, eso le hizo ver toros en los periódicos y la tele con el “Brindis Taurino” de Pepe Alameda. Hablaba de Manolo y sus patillas (él era patilludo, como Pedro Infante), de Curro Rivera y otros más. Cuando murió “Yiyo” en Colmenar no quiso decirme. Cuando “Avispado”, no sé si porque ya era poco más grande, mató a Paquirri, me comentó de “un torero al que cornearon feo”.
Le debo mi pasión al beis, pero el gusanillo de los toros llegó en aquella camioneta de “don Polanco” con sus albañiles camino a Motul, escuchando un anuncio. Descanse en paz, don Tino.
