Los aficionados de la vieja guardia no tienen duda que la “Batalla de Sendai” fue el inicio de la trayectoria que llevó a Miguel Canto a convertirse en el mejor deportista yucateco de todos los tiempos. La historia escrita lo reconoce.

El 8 de enero de 1975, Canto Solís venció por primera vez a Shoji Oguma. Fue en Sendai, Japón, donde a la joven promesa del boxeo del imperio del Sol Naciente, se pensaba que nadie sería capaz de superar.

Canto lo hizo con una cátedra de boxeo que, raro en esas tierras, logró que todos los presentes en la Miyagi Sports Center guardaran silencio, primero, y luego se pusieran de pie para reconocer lo que había hecho, el mismo Oguma incluido.

Nació, en esa fecha, la carrera hacia la leyenda del deportista más grande que ha dado el Mayab. Ante 9 mil “frenéticos espectadores”, según la reseña que envió al Diario Leslie Nakashima, contratada por la agencia United Press International (UPI) para escribir la reseña, Canto se impuso por puntos en 15 largos episodios a Oguma, en un pleito sin caídas.

La narrativa de Nakashima indica que uno de los pocos que no creían que Canto ganaría era el mismo peleador yucateco, quien mostró cierta sorpresa cuando se anunciaron, en japonés e inglés, las tarjetas oficiales: el réferi Jay Edson, de Estados Unidos, vio ganar a Canto por 147-145; el juez nipón Hiroyuki Tezaki marcó empate a 147 y el juez mexicano José María Escalante anotó 149-147 en favor del púgil yucateco. La de UPI fue 146-144 para Canto.

Estas tres declaraciones fueron recabadas por la agencia UPI y publicadas en la entrega súper especial de este periódico de una contienda histórica:

“Fue una pelea muy reñida y limpia. Le di la victoria a Canto porque conectaba golpes más fuertes”, declaró el réferi Jay Edson, quien años más tarde reconocería que uno de los mejores peleadores a los que le tocó ver fue precisamente a Canto.

“Gané porque Oguma era lento”, dijo a su vez Canto.

Y Oguma, aunque aceptaba en parte como sus compatriotas presentes, dijo: “No puedo creer que perdí por puntos. Canto no me lastimó con un solo golpe. Quiero pelear con él de nuevo, incluso esta noche”.

No fue esa noche, pero Canto aceptó dos veces el reto de Oguma para vencerlo otras tantas veces, ambas en Japón, una por decisión dividida y otra por decisión unánime.

Y fuera del ring…

El Diario tuvo también su pelea grande: una entrega de dos días, publicando en una edición especial, el resultado de la pelea, saliendo a la calle pasadas las 6 de la mañana, y la cotidiana del día 8 para el 9, con fotos especiales y la reseña de UPI que, igual, fue “pirateada” por otros medios yucatecos. El monarca yucateco ganó con cátedra por puntos. El Diario, por nocaut abrumador.

Canto defendió 15 veces la diadema de los pesos moscas del Consejo Mundial de Boxeo, perdiendo ante Chan Hee Park en Busan, Corea del Sur, en 1978.

Para entonces, de todas sus peleas sólo tuvo dos nocauts, una defendiendo el cetro ante Jiro Takada, de Japón, en el Parque Carta Clara, y otra en una pelea de preparación ante Lupe Madera.

Miguel Canto Solís labró una carrera en que lo que destacó fue la defensa y la esgrima. Pocos alcanzaban a golpearle. Ciertamente, sus combates fueron precisamente por decisión, pero para quienes le vieron en esa época, era un deleite mirarle sobre el ring.

El apodo de “El Maestro” no fue en balde. Los expertos del boxeo reconocen su talento sobre el entarimado, la forma en que volvía locos a sus adversarios, y muchos le recuerdan cariñosamente. Betulio González, con quien peleó tres veces, cada que puede habla de él, y gente de Japón lo admira tanto, que gestionó la colocación de un busto suyo en la avenida que lleva su nombre en la colonia Alemán, uno de pocos reconocimientos a tan grande exponente que tuvo Yucatán, no solamente en el ámbito deportivo.

Miguel Canto nació el 30 de enero de 1948 en Mérida. Hoy en día, convalece de una enfermedad cerebral en su domicilio en Jardines Miraflores, alejado de los reflectores y de la gente que, muchas veces, hizo más daño que beneficios a una vida que, financieramente, se le desbarató cuando su carrera agonizaba. Pasó las fiestas de fin de año bien, entre lo que cabe, con un poco de tos nada más, propia de esta época, nos dice su esposa Irma Rodríguez. Esa es una gran noticia para una persona estimada y reconocida.

Lo iniciado en Sendai hace 51 años, sin embargo, hace que para tirios y troyanos sea justo el reconocimiento. La agencia The Associated Press le nombró el “Mejor Peso Mosca” del Siglo XX y el Salón de la Fama del Boxeo Mundial, con sede en Canastota, Nueva York, le abriera un nicho entre los inmortales de todos los tiempos.

Hace un par de décadas, durante la Convención del Consejo Mundial de Boxeo en Cancún, una leyenda a la que se considera el mejor de todos los tiempos en los pesos completos, Cassius Clay, dijo que México tenía uno que era tan grande como él, “pero más chiquito, mucho más chiquito”. Se refería a Miguel Canto.