La herencia que tomó de un apellido de dinastía le puso en el sendero de la tauromaquia. El resto, lo ha construido él mismo.
Es Diego Silveti del Bosque, hijo de David Silveti Barry, sobrino de Alejandro, nieto de Juan Silveti Reynoso y bisnieto de Juan Silveti Mañón. Sangre de torero por donde se le mire.
“Es una fortuna, orgullo, ser quien ahora lleve este apellido que dice mucho para la fiesta de los toros, y de esa forma es como quiero seguir representando a toda una dinastía”, comenta Diego, un profesional en toda la extensión de la palabra, dentro y fuera de los ruedos.
Los toros le traen otra vez a Yucatán, luego de ocho años de no presentarse en el principal coso de la Península, la Plaza Mérida, y también, como cada que se le anuncia para estas tierras, ofrece una visita al Diario en una gira de medios escrupulosamente preparada con antelación.
Ahora, llegó porque encabezará un cartel de mucha importancia, la corrida del aniversario 97 del coso de Reforma, hoy, junto al matador español Marco Pérez y el rejoneador mexicano Tarik Othón, con toros de Caparica, El Junco y La Venta del Refugio.
“Es un cartel que me ilusiona, como todas las tardes, pero esta más. Mérida, una plaza donde siempre me he sentido a gusto, que tiene gente conocedora. Además, es la corrida del aniversario, el 97, creo que muchas plazas y aficiones estarían orgullosas de tener tanta vida”, destacó el matador.
Recordó, por tanto, muchos pasajes de sus visitas a Mérida, y sus anteriores visitas a esta casa editorial. Desde dónde le tomaron fotos, en qué lugar estaba la computadora desde donde vio (la Redacción ha cambiado), llenándose de emociones, fotos que son parte de la historia del toreo, de su apellido: una de su padre, el “Rey David”, dando la vuelta al ruedo después de indultar a “Lunero”, de Sinkeuel, en 1988 en la Mérida; otra, cuando el mismo malogrado matador era volteado en la Plaza México por el toro “Mar de Nubes”, de Garfias, en una de las épicas actuaciones de David, cuando cerraba su hoja de vida. Se pasó algunos minutos buscando en su teléfono la imagen que tiene guardada de cuando vino la última vez y les hizo un pantallazo a lo que veía en el ordenador. “Me emociona, de verdad, que puedan conservar el legado de nuestra familia con muchos años ya pasados”.
Insiste: “Recordar eso es impresionante. Te hace pensar que portar el apellido no es solamente llevarlo, sino que tienes que dignificarlo, por ellos, por lo que me han dado. Ya no es, sin embargo, el toreo de ellos, es mi propio toreo, voy a cumplir 15 años de alternativa, estoy escribiendo mi propia historia, pero soy Silveti, a mucho orgullo por siempre”.
Cuando decidió ser torero, ya sin su padre (fallecido en noviembre de 2003), su abuelo, Juan Silveti Reynoso, fue quien le habló claro: “Si quieres ser torero, hazlo, pero hazlo bien, respeta la tauromaquia, tu pasión, con vocación”. Y se hizo matador el 12 de agosto de 2011 en Gijón, de manos de José Tomás, con el testimonio de Alejandro Talavante.
Profesional
La trayectoria de Diego ha sido recta. La guía su tío Alejandro Silveti Barry como apoderado. Él fue un matador reconocido, al que se conoció como un gran profesional de la tauromaquia. “Me habla claro, como debe de ser. Yo creo que la visión que tiene me ayuda, me dice las cosas como se deben, derecho”. Una, es precisamente hablar con los medios, sentarse a platicar con aficionados, algo que en la actualidad muy pocos toreros hacen.
“Ahora puedo decir que tengo una carrera que ha durado y es por algo, con mi forma de ser, con mi toreo, con el poso que dan los años y la experiencia, bebiendo de las fuentes”.
Evidentemente, con algo de los Silveti de generaciones pasadas, especialmente en lo espiritual y los sentimientos. Es, dicen quienes le conocen, “un Silveti hasta en su forma de caminar”.
Y pretende que, en su reaparición de este domingo en la Mérida, pueda seguir derramando la esencia Silveti iniciada por “El Tigre de Guanajuato”, representando a la cuarta generación, pero con lo suyo, con lo de esa estirpe que su tío Alejandro, cuando torero, bautizó como “Casta de dinastía”.
El año lo quiere comenzar en grande. Torear en las plazas importantes, como la Mérida, y volver a soñar con las grandes arenas de España. ¿Volverá a Sevilla, ahora que su amigo José María Garzón es regente de la Maestranza? “Ojalá vuelva a España, he toreado en Sevilla, Pamplona, Bilbao, cortando una oreja en Madrid… Que sea por mis méritos, por mi toreo”.— Gaspar Silveira Malaver



