La suerte del campeón acudió al rescate del mas ganador de la historia, Novak Djokovic.
“Nole” estaba contra las cuerdas, aparentemente fuera del primer Grand Slam de la temporada, pero terminó reconvertido otra vez en aspirante por la lesión sufrida por su rival, Lorenzo Musetti, cuando el italiano tenía el partido encarrilado y a un paso de semifinales, que sin contemplaciones alcanzó luego Jannik Sinner, que mantuvo a raya al estadounidense Ben Shelton.
Por el otro lado, casi al mismo tiempo, el debate se centró en la falta de intimidad de los deportistas. Más allá de la clasificación para las semifinales de la kazaja Elena Rybakina y la estadounidense Jessica Pegula (que sorprendieron a dos favoritas, la polaca Iga Swiatek y la norteamericana Amanda Anisimova, respectivamente), las jugadoras cerraron filas alrededor de Coco Gauff, quien un día antes fue grabada en la puerta del vestuario de la “Rod Laver Arena”, aliviando su frustración a golpe de raqueta, contra el suelo, con fuerza.
Pegula y Rybakina se unieron a Aryna Sabalenka y Elina Svitolina, una bielorrusa y una ucraniana citadas en la otra semifinal. De este cuarteto saldrá la campeona. Son las supervivientes del cuadro femenino, más abierto que el de hombres, un coto cerrado para el póquer de favoritos, los cuatro primeros cabezas de serie que prolongan el pulso por el título casi cada evento: Carlos Alcaraz, Jannik Sinner, Alexander Zverev y Djokovic. Los cuatro mejores.
Y eso que fue la suerte esta vez la que se impuso en la pista central del Melbourne Park. La fortuna para Djokovic; la desgracia para Musetti, que tenía a la vista su primer viaje a una semifinal de Grand Slam.
El italiano, quinto del mundo había ganado los dos primeros sets 6-4 y 6-3. Pero en el tercero sintió un pinchazo en el abductor. Pronto vio que no había solución y que su meta se alejaba. “Sentí algo extraño en la pierna derecha al comienzo del segundo set. Seguí jugando porque estaba jugando realmente, realmente bien”, afirmó en una rueda de prensa. “El nivel de dolor iba cada vez a más. No había mucho que decir ni que hacer”.
“Lo siento por él. Jugó mucho mejor, y esta noche se va camino a casa. No sé qué decir, estas cosas pasan en el deporte. Le deseo una pronta recuperación y, sin duda, él debería haber ganado”, reconoció Djokovic, quien no falla en una semifinal desde que en 2018 fue eliminado en octavos por el coreano Hyeon Chung.
Fue así como logró su victoria 103 en Melbourne Park el ganador de veinticuatro Grand Slam y que le llevó a la decimotercera semifinal en Australia en su carrera, dos menos solo que Roger Federer.
Ante Sinner
Djokovic se topará con el segundo favorito y campeón en las dos últimas ediciones, Sinner, quien por la vía rápida dejó fuera al prometedor estadounidense Ben Shelton (6-3, 6-4 y 6-4).
El norteamericano se sostiene en un poderoso servicio, pero suele quedarse a medio camino en los grandes eventos. No le alcanza aún para cuestionar la autoridad de Sinner o de Alcaraz. Fue evidente una vez más. En cuanto no le sujetó el saque, decayó. Nueve derrotas en diez juegos contra Sinner.
El italiano ha dejado atrás los problemas que sufrió contra el estadounidense Eliot Spizzirri y camina firme a una nueva final. Entre Djokovic y Sinner y Alcaraz y Zverev va a estar el campeón del 2026.
“Es muy, muy difícil jugar contra Ben. Su saque es enorme. Siento que está mejorando muchísimo año tras año. Sobre todo después de la pretemporada, nunca se sabe cómo jugarán ciertos jugadores contra ti… cambiando muchas cosas”, dijo Sinner.
Sin privacidad
Cerradas las semifinales del torneo femenino, con el cara a cara entre Sabalenka y Svitolina primero y entre Rybakina y Pegula después, los ecos de las imágenes emitidas por la reacción de Coco Gauff tras su eliminación en los cuartos de final relegaron parcialmente el asunto deportivo. La estadounidense perdió el martes pasado ante Svitolina en un partido de dos sets y apenas 59 minutos y, quiso liberar su frustración con la raqueta que golpeó contra el suelo, con fuerza, en la puerta del vestuario, una y otra vez. Pensó que nadie la veía. Quiso discreción. Pero esa imagen fue viral y circuló rápidamente por las redes.
“No intento hacerlo en la cancha delante de niños ni cosas así. Simplemente necesito liberar mis emociones; si no, voy a ser irritable con la gente que me rodea”, explicó. Gauff admitió que pensó que se trataba de un momento privado. “Intenté ir a un lugar donde no hubiera cámaras, pero obviamente las había”, comentó, sugiriendo que los espacios realmente privados en el torneo son limitados.
No gustó todo esto al resto de jugadoras, que reclaman más intimidad y que sus movimientos no sean controlados permanentemente. Jessica Pegula apuntó: “Literalmente, el único momento en el que no te graban es cuando vas a ducharte o al baño; estamos bajo un microscopio constante y muchos momentos deberían ser privados”.— EFE




