Fue merecido el triunfo de Venezuela sobre Estados Unidos en un Clásico Mundial de Béisbol en que los sudamericanos sacaron la garra, en un torneo en el que afloró una calidad no vista ni en la Serie Mundial.
Venezuela frenó a una poderosa alineación estadounidense, a la que limitó a tres imparables. Se cumplió la sentencia de que el pitcheo es el noventa por ciento en el béisbol.
Nunca se habían confrontado dos novenas con ese selecto número de peloteros profesionales, casi todos multimillonarios, pero sobretodo nacidos en los países a los que representaron.
Venezuela contó con una alineación de estrellas de MLB pertenecientes a Reales (Salvador Pérez y Michael García), Bravos (Ronald Acuña Jr.), Medias Rojas (Wilyer Abreu), Gigantes (Luis Arráez), Tigres (Gleyber Torres), Rojos (Eugenio Suárez), Rockies (Ezequiel Tovar), Cerveceros (Jackson Chourio) y un staff de pitcheo con Eduardo Rodríguez (Arizona), Eduard Bazardo (Seattle), José Butó (San Francisco), Ángel Zerpa (Milwaukee) y Daniel Palencia (Cachorros).
No habría equipo que pudiera pagar una nómina de ese tamaño. Al igual sería impagable el decepcionante equipo de USA, que con todo y su “MVP”, su Cy Young y sus estrellas estrelladas no pudieron con el coraje y la furia venezolana.
Ya se escribió: el Clásico Mundial de Béisbol supera en calidad a las Grandes Ligas y le demuestran a los gringos que ya no son los amos del béisbol.
Hoy es Venezuela, ayer fue Japón y antes, también República Dominicana. Mérida, marzo de 2026
