Los jugadores de Suecia celebran tras conseguir su pase al Mundial
Los jugadores de Suecia celebran tras conseguir su pase al Mundial

Ahora sí, el Mundial 2026 está completo. Con el cierre de la eliminatoria europea y los repechajes intercontinentales, quedaron definidos los 48 invitados y los 12 grupos.

Y con ello, también quedó al descubierto una realidad incómoda: la Copa del Mundo más grande de la historia también puede ser la más débil y mediocre.

La FIFA apostó por expandir el torneo de 32 a 48 selecciones, una decisión que multiplica partidos, mercados… y también dudas.

A eso se suma un factor clave: tres países sede (Estados Unidos, México y Canadá) con boleto directo. Tres plazas regaladas. Tres selecciones que no tuvieron que competir por su lugar.

En un torneo que presume inclusión, el acceso se volvió más fácil que nunca.

El síntoma más claro: Suecia y la clasificación “sin mérito”. La selección escandinava logró algo insólito: clasificó al Mundial sin ganar un solo partido en la eliminatoria europea.

Terminó última de su grupo, con apenas empates y derrotas, pero encontró una segunda vida gracias al sistema, accedió al repechaje vía Liga de Naciones, eliminó a Ucrania y finalmente dejó fuera a Polonia en un dramático 3-2.

Es decir, un equipo que fracasó en la eliminatoria estará en el Mundial.

No es una excepción, es una consecuencia directa del nuevo modelo.

El cierre de las eliminatorias dejó otros ejemplos que alimentan la polémica: Bosnia eliminó a Italia en penales, Turquía clasificó superando a Kosovo, República Checa volvió tras 20 años e Irak regresó después de cuatro décadas; además, el Congo jugará su primer Mundial como tal.

Historias llamativas, sí. Pero también señales de un sistema donde la segunda oportunidad pesa más que el rendimiento real.

Y mientras tanto… gigantes fuera.

El contraste es brutal: Italia, tetracampeona, fuera por tercera vez consecutiva; Polonia, fuera tras caer en repechaje. Otras selecciones europeas competitivas también quedaron fuera.

El Mundial abre espacio, pero no necesariamente para los mejores.

Los grupos lo confirman: partidos de bajo nivel.

Con los grupos ya definidos, la primera ronda deja un listado preocupante de partidos que difícilmente cumplen con el estándar mundialista:

Uzbekistán-RD Congo, Cabo Verde-Arabia Saudita, Haití-Escocia, Curazao-Costa de Marfil, Jordania-Argelia, Irak-Senegal, Sudáfrica-República Checa, Qatar-Bosnia, partidos que, hace apenas unos años, no tendrían cabida en una Copa del Mundo.

El nuevo formato no solo mete más equipos, también reduce la presión competitiva, pues avanzan primeros, segundos… y varios terceros lugares. Se puede clasificar sin ganar y empatar se vuelve estrategia válida.

El Mundial deja de ser un torneo de supervivencia para convertirse en uno de administración de resultados.

No hay que disfrazarlo, esto es un negocio.

Más selecciones significa más audiencias, más mercados, más ingresos. Pero también más partidos intrascendentes, más diferencias de nivel y menos identidad competitiva.

El Mundial 2026 ya tiene forma. Grupos definidos, calendario listo, historias nuevas, pero también tiene una narrativa inevitable: la de un torneo que abrió demasiado la puerta.

Cuando un equipo como Suecia puede clasificar sin ganar un solo partido, cuando Italia se queda fuera y cuando la fase de grupos se llena de cruces disparejos, el mensaje es claro: el Mundial ya no es solo de los mejores, es de los que alcanzan. Y en ese cambio, el fútbol —el de verdad— paga el precio.

Periodista del Diario

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