En marzo pasado, el gobierno del Estado inauguró la remodelación del distribuidor vial de City Center, con un gasto superior a los 88 millones de pesos y la promesa de reducir tiempos de espera y siniestros viales.
Empero, distintas voces ciudadanas advierten que el costo de esa modernización estaría recayendo sobre los usuarios más vulnerables.
El Observatorio de Movilidad Sostenible de Mérida, tras recorridos en la zona documentó una serie de deficiencias estructurales que, asegura, contravienen la NOM-004-SEDATU-2023, vigente desde junio de 2024 y de carácter obligatorio en todo el país.
Esta normativa establece como principio rector la llamada pirámide de la movilidad, donde peatones, ciclistas y usuarios vulnerables deben ser prioridad en el diseño de las vialidades.
Lo observado en la realidad es un escenario distinto. Entre los puntos más controvertidos destaca la incorporación de carriles dobles de vuelta derecha, una configuración que no está considerada en la normativa y que, de acuerdo con el Observatorio, incentiva maniobras de riesgo como rebases indebidos o vueltas a alta velocidad, especialmente en horarios de baja carga vehicular.
A esto se suma la ampliación de carriles que, si bien agiliza el flujo automotor, duplica la distancia que un peatón debe recorrer para cruzar, extendiendo su exposición al tráfico.
Caminar por la zona, describen, se vuelve una experiencia fragmentada. Camellones que en papel cumplen con medidas mínimas terminan reducidos en la práctica por postes y obstáculos, dejando espacios menores a un metro para el tránsito peatonal.
Islas de resguardo delimitadas apenas por boyas, sin guarniciones elevadas, se convierten en refugios simbólicos más que reales, ubicados además a escasos metros de incorporaciones vehiculares.
La escena se vuelve aún más crítica en puntos específicos como la calle 24, donde persisten retornos vehiculares de más de 30 metros, propicios para maniobras peligrosas, o en los paramentos colindantes a una gasolinera, donde no solo no se construyeron banquetas, sino que se eliminó el único tramo existente.
En estos espacios el peatón queda expuesto, sin infraestructura básica que garantice su seguridad.
A ello se suma la creación de nuevos accesos vehiculares cercanos a intersecciones, como el detectado en las inmediaciones de la Plaza Mangus, cuya funcionalidad no ha sido claramente explicada y, por su diseño, facilitaría movimientos indebidos o atajos peligrosos.
El Observatorio advierte que estas decisiones no solo contravienen la norma oficial, sino también los principios de la Ley General de Movilidad y Seguridad Vial, que mandatan intervenciones orientadas a reducir riesgos y priorizar la integridad física de las personas.
De acuerdo con el propio Observatorio, al menos ocho cruces en el sur y sur-poniente del Periférico requieren intervenciones urgentes, incluyendo pasos a desnivel y rediseños integrales.
Cuestionan que los esfuerzos se estén concentrando en proyectos de mayor visibilidad política o mediática, mientras zonas con alta incidencia de accidentes continúan sin atención.
Este debate no ocurre en el vacío. Apenas un día después de la inauguración, al norte de la ciudad, vecinos de colonias como Santa Cruz Palomeque, Gran Santa Cruz y Ticimul se manifestaron sobre el Anillo Periférico, a la altura del kilómetro 3, tras un accidente múltiple que dejó seis personas lesionadas.
La protesta fue un recordatorio de que, más allá de las cifras oficiales, hay puntos críticos donde la infraestructura aún es insuficiente.
El fondo del debate no es menor. Se trata de definir qué significa realmente “modernizar” una ciudad. Porque cuando un peatón dispone de menos de ocho segundos para cruzar una vía o debe avanzar por espacios sin banqueta, la infraestructura deja de ser un símbolo de progreso para convertirse en un factor de riesgo.
El OMSM reitera que la modernidad de una ciudad no se mide por la fluidez de sus automóviles, sino por la seguridad y dignidad de sus peatones.
El llamado ciudadano apunta a revisar, corregir y replantear, antes de que estos mismos esquemas se repliquen en otras zonas emblemáticas de Mérida, donde el riesgo no debería ser parte del trayecto cotidiano.



