El diestro Daniel Luque, con su segundo de la tarde, en el decimocuarto festejo de abono de la Feria de Abril de Sevilla en La Maestranza
El diestro Daniel Luque, con su segundo de la tarde, en el decimocuarto festejo de abono de la Feria de Abril de Sevilla en La Maestranza

El ya veterano diestro Daniel Luque hizo valer su maestría y su precisión lidiadora para pasear la única oreja concedida ayer en La Maestranza de Sevilla, donde, con un cartel que completaron Juan Ortega y Pablo Aguado, se lidió una deslucida corrida de Juan Pedro Domecq.

La mayoría de los astados de la divisa rojiblanca apuntaron cierta nobleza en los primeros compases, aunque también esa falta de “motor” que se hacía tristemente evidente tras pasar por el peto. De ahí que los escasos momentos lucidos de la tarde se produjeran en los saludos de capa, en algunos quites y en unos contados instantes con la muleta.

Pero a esa nota general le puso Luque la excepción con el cuarto, un toro colorado de largo cuello y poco apretado morrillo con el que el de Gerena dio toda una lección de técnica y estrategia para sacar en claro mucho más de lo que el animal pareció ofrecerle en un principio.

Ya de partida, en las verónicas de recibo, igual que con su primero, aplicó Luque una dúctil suavidad que marcaría todo el resto de la lidia, incluso cuando él mismo se encargó de llevarlo frente al caballo. Y el de Domecq lo agradeció hasta el punto de ofrecer en la muleta el juego de más duración de todo el encierro, aun con ciertos matices y defectos que el matador también solventó con depurada y sobrada capacidad técnica.

Con el pulso de sus muñecas y citándole en corto y con la muleta algo retrasada para reducirle esfuerzos, consiguió Luque que el toro colaborara en una faena en principio destinada a ser liviana pero a la que él mismo dio contenido y emoción ajustándose mucho en los embroques y en el trazo de los pases por ambas manos, e incluso llegando a ligarlos.

Tanto ayudó al animal que hasta se permitió estirar sus sosas embestidas para adornarse con variedad y sus patentadas luquesinas, antes de la efectiva estocada que dio paso, con toda justicia, al corte de la única oreja de esta antepenúltima corrida de la feria. Y es que con los otros cinco no pudo llegarse a tanto, ni siquiera el propio Luque con el que abrió plaza.

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