Manuel Escribano, con su primer toro en tarde final en La Maestranza
Manuel Escribano, con su primer toro en tarde final en La Maestranza

La tarde que cerró la Feria de Abril en Sevilla dejó más intención que resultados. El encierro de Miura, imponente en presencia y con un promedio superior a los 640 kilos, terminó quedándose corto de raza y emoción.

Salvo contadas excepciones, los toros ofrecieron poco fondo, acusaron falta de fuerza y acabaron apagándose ante la muleta, lejos del mito que acompaña a la legendaria ganadería.

El momento más relevante lo firmó Román, que cuajó una faena sólida y de gran mérito al tercer toro, el único con verdadera entrega y duración. El valenciano lo fue asentando desde el inicio y logró tandas de derechazos con firmeza y mando, conectando con el público. Sin embargo, falló con la espada en dos ocasiones y dejó ir un trofeo que parecía seguro. Luego se repuso con el sexto, al que mató de buena estocada tras lidiar sus complicaciones.

La única oreja de la tarde fue para Manuel Escribano, que la obtuvo del cuarto tras una labor voluntariosa y variada. El sevillano apostó desde el inicio con una larga a portagayola y destacó en banderillas, aunque con altibajos. Ya con la muleta, optó por un trasteo más templado ante un toro justo de fuerzas, suficiente para convencer al tendido y cerrar la feria con el único premio.

Pepe Moral, por su parte, se topó con un lote deslucido. El segundo, un sobrero de gran peso, apenas ofreció opciones y pronto se desentendió de la pelea. Con el quinto, más acorde al carácter de la casa, tampoco encontró materia prima y tuvo que abreviar. Así, la corrida se fue diluyendo entre intentos aislados, con Román como el nombre más destacado pese a irse de vacío.

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