El gol que selló la victoria de México tuvo un poco de suerte. Magia, quizás. Pero en un país donde el fútbol es casi una religión, muchos han celebrado el tanto de Luis Romo como un milagro.
Al día siguiente de que la Selección se convirtiera en la primera clasificada a la siguiente fase del Mundial, numerosos aficionados acudieron a la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México para agradecer al Niño Jesús, arropado con la camiseta negra del Tri, su ayuda en el triunfo.
México fue el primer equipo en avanzar a la siguiente ronda tras imponerse 1-0 a Corea del Sur gracias a un error garrafal del arquero Kim Seung-gyu. A pocos minutos del final, Raúl Rangel evitó el empate y salvó a los anfitriones con una doble atajada que hizo temblar a la afición.
“Fue un milagro el error del portero surcoreano y un milagro lo que hizo nuestro portero”, dijo el aficionado Martín Sánchez. “Rangel fue el héroe que evitó el gol, otro milagro”.
Tras los festejos que tomaron las calles del centro de la ciudad, Sánchez y su esposa, Jaqueline, acudieron a la Catedral Metropolitana para agradecer la intervención divina.
“Vine a darle las gracias al Niño Dios por darnos la oportunidad de haber ganado”, agregó Sánchez, ilusionado con la posibilidad de que México supere la barrera histórica de los cuartos de final. “Él nos tiene que echar la mano un poquito”.
Aquí, en el país del fútbol y donde más del 70 por ciento de la población profesa la fe católica, hasta el mismo Niño Jesús viste los colores del Tricolor.
Desde el inicio del Mundial, cientos de aficionados han realizado una peregrinación a la iglesia más emblemática de la capital para rogarle al “Niño Futbolista” su intervención en favor de la Selección. La tradición de vestir al pequeño con el uniforme del combinado nacional se remonta a 1970, cuando México albergó por primera vez una Copa del Mundo.
Desde entonces, el Niño Jesús se convirtió en aficionado y ha sido testigo de la coronación de Pelé y del tricampeonato de Brasil, de la “Mano de Dios” de Diego Maradona que ayudó a Argentina a conquistar el Mundial de 1986, y de la hazaña mexicana de convertirse en el primer país en albergar tres Copas del Mundo.
“Esta imagen muestra la profunda religiosidad del pueblo mexicano y el cariño que mueve a la sociedad para encomendar esta justa deportiva a nuestro Señor”, explicó la Catedral Metropolitana en un mensaje.
Durante la última semana, el futbolista sagrado ha atraído no sólo a fieles aficionados, sino también a una infinidad de turistas curiosos. A su alrededor lucen camisetas de Colombia, Alemania, España y hasta Croacia. Al igual que la selección mexicana, cuenta con los tres uniformes oficiales del Tri —verde, blanco y negro—, que se cambian antes de cada partido.
“¡El Niño hizo el milagro!”, celebró la congregación minutos después del silbatazo final ante un grupo de periodistas. Al mismo tiempo, una multitud convergía en el Ángel de la Independencia para festejar la victoria mexicana.
El joven Andrés Lira, de 12 años, fue uno de ellos. Acompañado de su madre Natalia, católica devota y declarada aficionada al fútbol, regresó al día siguiente para agradecer al pequeño hincha celestial. “Yo sufrí, grité, me la pasé muy mal viendo el partido”, contó el muchacho. “De verdad necesitábamos toda la ayuda posible y llegó una ayuda divina”.
