Generalmente a los atletas, o a cualquier persona, se le conoce por el resultado que obtenga. Y propiamente, en el deporte, solo se habla de sus medallas. Lo que gira a su alrededor, es cosa que viven ellos. Es su problema, dirían muchos. Y sí, lo es.
Josué Said Medina Andueza, Karim Saadi Monroy y Mauricio Canul Facundo acaban de regresar a casa tras una larga estadía fuera. Llegaron a Yucatán con medallas ganadas en los Juegos Centroamericanos y del Caribe en Santo Domingo, que fue el final de un largo proceso que los tuvo casi cinco meses fuera de su tierra para una concentración integral. ¡Cinco meses!
El Diario los tuvo de visita, robándoles un poco de sus cargadas agenda de trabajo, que vaya que es intensa para los que son, por peso corporal y su deporte, los hombres más fuertes de México.
“No solamente son las medallas, es todo lo que gira para conseguirlas, para estar trabajando por nosotros, por Yucatán y por México”, dice Josué, progreseño, ganador de oro y plata en Santo Domingo, refrendando lo logrado en la edición de 2023 en El Salvador.
Y así es: sacrificio físico, de estar una y otra vez levantando casi el doble de su peso propio; alejados de sus familias, y, cada quien en su complejidad, sufriendo por el peso que tienen que dar.
Casos difíciles los de Karim, quien se colgó dos platas en la categoría mayor (más de 110 kilos) y tiene que ir siempre más arriba, buscando aumentar su peso, y Mauricio, que ganó la de bronce en 88, pero ahora tendrá que bajar cinco por cambio de categoría. “Es horrible tener que comer hasta seis veces al día para poder estar en este peso, necesito más de 120 kilos. El colombiano que ganó el oro me superaba por más de 20… No es nada fácil, pero así es nuestro deporte”, señala Karim, pesista desde hace 15 años, pero que, afirma, “es tan cerrada la competencia que apenas tuve mis primeros Juegos Centroamericanos”.
¿Qué sigue para los tres?
“El proceso para los Juegos Olímpicos se abrió con los Centroamericanos. Y no será nada fácil, creo cada vez es más difícil poder clasificar a una Olimpíada, ahora solo hay ocho boletos en todos los selectivos y van diez pesistas por categoría, antes eran hasta 16. Pero en el ciclo anterior quedé cuarto, a uno de entrar, y ahora voy a enfocarme con todo para tratar de alcanzar la meta”.
En el caso de Karim y Mauricio, a luchar con el peso. Saadi Monroy reitera que, si estar en la justa regional con apenas 120 kilos fue difícil, para los Mundiales, que van levantadores mucho más pesados, “eso me pone en una enorme desventaja. Lo que sí, quiero dejar mi huellita, quiero que, cuando mi hijo crezca, pueda conocer el esfuerzo que hice y sentirse orgulloso de lo que su padre logró”.
Mauricio, originario de la comisaría umanense de Tzibikak, irá casi como los boxeadores: a cuidarse para dar el peso. En broma, dice: “Mientras ellos comen y comen, de todo y a cualquier hora, yo a limitarme”.
El deporte, eso sí, les ha dado de todo a los tres, entregados totalmente a su deporte. Les permite becas, tipo salarios, que amortiguan las necesidades, propias y de sus familias.
Josué, de 27 años, acaba de recibir su título de Administración de Empresas, algo que, afirma, “prometí a mis papás. Ya lo tengo y puedo decir que estoy en paz, conmigo y con ellos”. Karim, de 26, asegura que “todo lo que se sufre, te lo da de recompensas el deporte. Gracias a una beca pude estudiar la licenciatura en Fisioterapia. Yo sé que cuando me toque irme, porque el deporte no es eterno, puedo trabajar, apoyar a deportistas, poner mi consultorio en casa, disfrutar de mi familia. Y todo me lo ha dado el deporte”.
Mauricio, de 24 años, es estudiante de la Facultad de Educación Física de la Universidad Autónoma de Sinaloa, institución que le brindó una beca “muy importante, que me permite enfocarme en mis entrenamientos, dedicarle tiempo bueno al estudio. Me ha dado todo, pero he dado todo”.
Para ello, el respaldo oficial (autoridad, desde Conade, IDEY y más) es vital, pero sin resultados, eso sería imposible. De allí que, terminando la amena charla con los “bombos” que levantan el doble de lo que pesan y comen que da gusto, terminen diciendo, como Karim, “horrible, pero si lo haces con la convicción y el esfuerzo bien centrado, merece la pena”.
La halterofilia es de las disciplinas de mayores logros para Yucatán (acaba de coronarse Víctor Méndez Huicab campeón mundial juvenil), pero cuando los vea, no piense solo en las medallas obtenidas. Hay mucho más que el metal colgado al pecho.— Gaspar Silveira
