Los números no mienten. Las estadísticas se hicieron para recordar siempre lo que hicieron los peloteros en el terreno de juego.
Pero recordarlos por lo que se les vio en los diamantes y que, pasados los años, siga en la mente, eso habla de lo que fue su valor.
Los Leones de Yucatán han tenido a grandes peloteros a lo largo de su historia de más de siete décadas y uno de los que sobresale por todo su aporte es, sin duda, Raymundo Torres Ruiz.
A Ray Torres se le recuerda como el último gran ídolo de las fieras, y eso que su época de protagonismo, retiro y trágico fallecimiento, ya gira todo en cerca de cuatro décadas. Llegó a la cueva cuando no se esperaba. Y brilló con los Leones ayudándolos a ser campeones de 1984.
Yucatán lo obtuvo en un cambio con los Diablos Rojos del México, que fue muy afortunado en la época en que el dueño era don Romeo Magaña Carrillo. Vino, triunfó e hizo historia. Allá en el infierno era suplente, un pelotero más; aquí fue una de las grandes estrellas.
En nuestras charlas de café y béisbol, ahora que recordábamos los temas de los artículos anteriores de los grandes de los primeros Leones de la Mexicana, el doctor Pedro César Góngora Navarrete hablaba de las cualidades del “Battling” de San José de Moradilla, Sonora: fildeaba con una virtuosidad que propiciaba que se viera fácil todo lo que hacía.
Como aficionado, y como directivo, disfruté la forma en que se preparaba para ir tras los batazos, cómo les llegaba, el brazo que tenía. Y bateando… Con los Leones, dice la Enciclopedia del Béisbol Mexicano: 311 jonrones en la Liga, en una carrera que inició con Durango en 1977, luego se fue a Estados Unidos y si no llegó a las Grandes Ligas, no fue por falta de talento. Al regresar, pasó a los Diablos Rojos y tuvo su clímax aquí en la cueva de los Leones como ídolo de los yucatecos, de 1984 a 1990, primero, y luego de 1994 a 1998. Con la franela melenuda disparó 210 cuadrangulares, más que nadie.
Era un deleite verle jugar en los jardines del Parque Kukulcán, un gavilán en la pradera central.
Nos tocó, igual, verlo partir, como pasa en la pelota: uno llega, juega, pero no sabe cuándo podría irse. Así es el negocio de la pelota. Lo saben los peloteros, lo sabemos los directivos.
También jugó con Industriales de Monterrey y Piratas de Campeche en los inicios de los noventas. Sus números, que tomamos de la Enciclopedia, dicen que participó en 1,930 juegos, conectó 1,700 hits, incluidos 283 dobles; anotó 1,086 carreras, produjo 1,146 y es octavo lugar en cuadrangulares de todos los tiempos con sus 311. De esos, 13 fueron con casa llena, récord para la LMB.
Se retiró bateando para .268, con cuatro temporadas sobre la cifra de .300. Su última campaña en el verano fue en 1998 con Yucatán.
En 2006 ingresó al Salón de la Fama del Béisbol Mexicano y su deceso, repentino, ocurrió una tarde de octubre del año 2012.
Ray jugó a un nivel alto, impactante, que tuvo techo porque él así lo quiso. Pero lo recordamos siempre. Mérida, agosto de 2026




