Justin Verlander acababa de retirar al primer bateador de la sexta entrada para poner fin a su carrera en las Grandes Ligas cuando el mánager de los Tigres de Detroit, A.J. Hinch, caminó desde el dugout hacia el plato.
La hija de 7 años del lanzador de pronto corrió hacia el montículo.
“Eso me tomó completamente por sorpresa y me golpeó como una tonelada de ladrillos”, dijo Verlander.
Una carrera estelar para el derecho de 43 años terminó con una remontada para vencer el sábado 4-3 a los Piratas de Pittsburgh.
Las emociones de Verlander serán recordadas más que el marcador de un juego sin trascendencia en el penúltimo día de su 21a. temporada en MLB.
“Eso fue increíble. Estaba sollozando y tuve que asegurarme de que ella entendiera que yo estaba feliz”, comentó Verlander. “Nunca me había visto llorar así”.
Genevieve Verlander, con una camiseta de los Tigres con el nombre de su papá y el número 35, vio la señal de Hinch y corrió.
Cuando llegó al montículo abrazó a su padre, quien se inclinó para abrazarla y empezó a temblar.
Hinch se unió a ellos unos 25 segundos después para otro abrazo, y luego Verlander quedó rodeado por compañeros de los Tigres que subieron al montículo.
Hinch planeó la visita de Genevieve al montículo con la esposa de Verlander, la modelo Kate Upton.
“Es difícil sorprender a un tipo que tiene todo planeado y trazado más que cualquier ser humano que haya conocido”, dijo Hinch, quien fue era el mánager de Houston cuando los Astros, junto con Verlander ganaron al título de la Serie Mundial de 2017. “Queríamos idear algo especial, y su familia lo es todo para él”.
Diez veces All-Star y ganador en tres ocasiones del premio Cy Young, Verlander dejó el terreno tras su última aparición en el montículo agarrando la mano de su hija, mientras la multitud en Comerica Park le brindaba una ovación de pie.
Upton, sosteniendo al hijo de un año Bellamy, se unió a Justin y Genevieve para un abrazo grupal en la pista de advertencia frente al dugout de los Tigres, y Justin chocó las manos con sus compañeros y se quitó la gorra ante el público antes de bajar los escalones del dugout con su familia. “Obviamente he hablado mucho de cómo ha cambiado mi vida y de cómo mi familia es lo que más espero en mi retiro”, señaló el lanzador. “Salir del campo con ellos para terminar mi carrera es tan bueno como podría haber soñado”.
Verlander permitió dos carreras y cinco hits en cinco entradas y un tercio, con una base por bolas y seis ponches, en una actuación de 91 lanzamientos. No cargó con la derrota en su despedida, gracias al jonrón de oro de dos carreras de Eduardo Valencia en la novena entrada que selló la victoria en el Comerica Park. Terminó con marca de 266-159, efectividad de 3.33 y 3,560 ponches, octavo en la lista histórica.
“Fue un gran cierre para un gran día”, dijo Hinch.
