Por Rafael J. Ramos Vázquez
En el béisbol, batear a tierra de nadie es difícil, eso se debe principalmente a la velocidad de la esférica y a los efectos que el lanzador es capaz de producir en la pelota. Sin embargo, con los avances tecnológicos y los métodos actuales, el toletero se ha vuelto más peligroso, tal vez a eso se deba que al lanzador no le permitan actualmente transitar toda la ruta y ahora se basen en el número de lanzamientos para cambiarlo. De todas maneras, como sentenciaban los aficionados de antaño: “Un buen lanzador domina a un buen bateador”. Por eso, cuando el pítcher sale inspirado, dominará.
De todos los relevistas que se utilizan, quizá el más importante es el cerrador, pues al llegar la novena entrada ganando, es necesario que aparezca un hombre con brazo fuerte y mente tranquila, capaz de concluir el juego conservando la victoria.
En la Gran Carpa ha habido excelentes cerradores. Hoy hablaré de un californiano que lanzaba con la diestra: su nombre, Trevor William Hoffman.
Trevor enfundó la mayor parte de su carrera el uniforme con el número 51 de los Padres de San Diego, equipo de media tabla. Si hubiera jugado en una mejor novena, otra sería su historia.
Sin embargo, tuvo los suficientes méritos para ser considerado como un pítcher excepcional. Veamos por qué: no lanzaba rectas a 100 millas por hora, su virtud era control excepcional, inteligencia, leía a los bateadores y los dominaba. Poseía una paciencia extrema, su lanzamiento letal era el cambio de velocidad, considerado como uno de los mejores de todos los tiempos. Cuando era llamado en la entrada de apaga y vámonos, había un ritual: se escuchaba la canción “Hell Bells”, y el estadio se ponía de pie. Oír esa melodía era sinónimo de “juego terminado”.
Hoffman, en 18 temporadas, cerró 856 partidos, habiendo salvado 601, y ponchó a 1,133. Posee la mayor tasa de ponches que cualquier otro relevista y es el supremo anestesista por cada nueve entradas. Fue el primer relevista en alcanzar los 500 y 600 salvamentos. Sólo él y Mariano Rivera (652) han alcanzado y rebasado la barrera de los 600.
En su tercer año de elegibilidad ingresó al Salón de la Fama y se unió a los cerradores Rivera, Dennis Eckersley, Rollie Fingers, Goose Gossage, Bruce Sutter, Hoyt Wilhelm y Lee Smith. Mariano representaba la velocidad pura, Trevor la inteligencia. Ambos están en Cooperstown. Mérida, noviembre de 2026
