Por GASPAR SILVEIRA MALAVER
Hongchan Quan a lo mejor no tenía idea de la magnitud de lo que logró en la plataforma del Centro Acuático de Tokio. Tampoco la gran Nadia Comanneci, confesaría muchas veces, pudo valorar, en su momento, la monumental gesta de Montreal en 1976.
¡Pero si son unas niñas!
Sí. Nadia tenía 15 años cuando eclipsó a todos con la rutina perfecta en la gimnasia en Montreal. Hongchan, con 14 años, logró el clavado perfecto para ganar la medalla de oro en Tokio casi cinco décadas después.
¿Y nuestros niños?
Evoqué el título de un disco de Maná en este espacio. No tanto para saber dónde jugarán los niños, porque sé, que si se quisiera y se trabajara, nuestros niños jugarán, o saltarán, donde Nadia y Hongchan, lo hicieron como si fueran maestras con siglos de experiencia.
A los padres, primero, les tiene que cambiar la mentalidad. Siempre escuchamos o leemos que se aferran a dejar que los niños con talento se vayan de casa. Sufren, lloran, hasta los bloquean para que se queden a estudiar algo que, cierto les puede dejar utilidad futura.
Uno de mil, solo por ser teóricos, puede ser el privilegiado de ser detectado, así que no le corte las alas, sino todo lo contrario: déjelo volar.
Me contaban en días pasados el papá de Manuel Rodríguez y su hermana las aventuras y sufrimientos que el famoso “Bolón” tuvo en sus años de infancia. Al final de la historia, Manuel tomó la decisión y se fue. Diez años después, cumplió su misión. Rómmel Pacheco Marrufo, también. Se fue siendo casi niño. En estos tiempos, son muy raros los casos como el de Henry Martín Mex, que llegó hasta cierto punto tarde a la Primera División y se ha establecido no solo como futbolista, sino como figura.
En estos Juegos de Tokio hemos visto a infinidad de deportistas menores de 18 años competir y a muchos ganar medallas. ¿Tendrá usted idea a qué edad habrán comenzado su proceso formativo camino a la Olimpíada?Así que, siendo sensatos, mejor no llore por ellos. Hábleles, aconséjeles desde temprana edad y déjelos volar si las circunstancias lo permiten.
Quiero pensar que es mejor tenerlos dedicados a algo que les exprima el talento a que estén sentados esperando que les paguen una beca por el hecho de estudiar el bachillerato. Así es como, creo, mi México querido, podemos aplaudir a los nuestros como ayer ovacionaron a Hongchan Quan en Tokio y, claro, a la inmortal Nadia en Montreal 76.
