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Irving Berlín Villafaña (*)

La política cultural yucateca es un conjunto de acciones, ocurrencias y productos, y no creación y fortalecimiento de instituciones. Tenemos una ley atrasada y sin innovaciones sobre el tema; instituciones anómalas como el Instituto de Museos de Yucatán que tiene poco sentido y menos trabajo; programas culturales como el Ficmaya con gastos millonarios e identidad fallida; el escandaloso costo del Gran Museo de la cultura maya que, en 21 años, le costará a usted nada más y nada menos que 6,643 millones de pesos. Para que tenga idea de lo criminal que resulta la cantidad que acaba de leer, en fecha reciente la Universidad de Guadalajara abrió su conjunto de artes escénicas con un costo de 1,400 millones pesos. Ese conjunto está compuesto por: a) sala Placido Domingo de 1,800 butacas, b) tres salas para audiciones y espectáculos con capacidad total de 1,540 lugares, c) galerías, d) áreas de formación y capacitación, e) cineteca con cinco salas para 1,150 personas, f) restaurante para 160 personas y un anfiteatro para 1,000 espectadores.

El espacio tiene cerca de 52 mil metros cuadrados y está diseñado con tecnología de punta en iluminación, sonido, acústica, mecánica teatral y demás elementos especializados para la exhibición de las artes escénicas. Este conjunto es maravilloso para el desarrollo de la ópera, la música, la danza, el teatro, el cine y hasta para las artes plásticas y no tiene parangón en América Latina. ¿Quiere que le repita cuánto costó? 1,400 millones de pesos contra 6,643 millones de pesos que se pagarán por el Gran Museo de la Cultura Maya.

Estos hechos, suficientemente vergonzosos, hacen que brillen como un sol las medidas que el gobernador Rolando Zapata Bello anunció para los últimos días de su gobierno: a) reeditar la Enciclopedia Yucatanense, b) Fortalecer la Escuela Superior de Artes de Yucatán hasta lograr el estatus de Universidad de las Artes y c) convertir los terrenos de La Plancha en espacios públicos, artísticos y culturales. Estas acciones vendrán a sumarse a otras tales como la construcción del Palacio de la Música que tiene detrás de sí una pequeña estela de sombras sobre el manejo de sus recursos.

Desde luego que estas últimas medidas son positivas y deben celebrarse, especialmente el desarrollo de la Universidad de las Artes. Siempre he pensado y dicho que dos de las acciones de política cultural más importantes en las últimas décadas fueron la creación de esta escuela —durante la gestión de Domingo Rodríguez Semerena y Patricio Patrón Laviada— y la formación del patronato de la Orquesta Sinfónica de Yucatán, cuyos frutos son suculentos. Promover su desarrollo es, sin duda, una de las pocas políticas culturales acertadas de Yucatán, contra decenas de dispendios y caprichos.

Sobre el rescate de La Plancha se ha escrito bastante y, aún así, muchos meridanos desconocemos exactamente en qué consistirá y qué es lo que el actual gobierno realizará en los pocos meses que le quedan. También desconocemos la opinión de los candidatos a la gubernatura de Yucatán y de numerosos sectores académicos y de la sociedad civil. Por mi parte, me gustaría que a la larga un conjunto para el desarrollo de las artes escénicas, como el que ha creado la Universidad de Guadalajara, tuviera asiento en esa zona dotando a la ciudad de una infraestructura adecuada para la convivencia, el arte y la cultura. Ojalá que a Mauricio le interese y que también quisiera deshacerse de los lastres que han limitado el desarrollo cultural de Yucatán.— Mérida, Yucatán.

iberlin@prodigy.net.mx

Antropólogo y doctor en Ciencias de la Información

 

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