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Malas prácticas

Eduardo R. Huchim (*)

Sobre la Secretaría de la Función Pública gravita su ineficacia en el combate a la corrupción, si bien son importantes sus recientes sanciones contra Odebrecht y también la destitución e inhabilitación de un contralor por colocar a su cuñado en la empresa paraestatal a la que fiscalizaba (“Reforma”, 11/02/18).

Cito este último caso, menor frente al de la empresa brasileña, para preguntar si el Consejo de la Judicatura Federal actuará con un rigor similar, por medio de la Comisión correspondiente, en casos semejantes de nepotismo en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (Tepjf).

Aparte de sus resoluciones jurídicamente frágiles y su parcialidad a las que me he referido con detalle anteriormente, el Tepjf arrastra problemas de tipo administrativo y de planeación que afectan el correcto manejo de su presupuesto de 3,843 millones de pesos.

Ante un conjunto de comicios sin precedente por su número y complejidad, cabría esperar del Tepjf —además de imparcialidad— una administración ejemplar, una planeación eficaz y un trabajo empeñoso de sus magistrados en todas sus salas y, sobre todo, en la Superior. La realidad es diferente: mientras se tolera el nepotismo ocurre la separación de personal con perfiles idóneos, como Paulina Grobet, Héctor Villarreal y Carlos Báez, quienes dejaron recientemente las direcciones de Género, Comunicación Social y Jurídica, respectivamente.

El caso más relevante de nepotismo es el de la secretaria general de Acuerdos, Cecilia Sánchez Barreiro, cuyo tío Francisco Javier Barreiro Perera es asesor en la ponencia de la presidenta Janine Madeline Otálora Malassis y cuyo hermano Carlos Manuel Sánchez Barreiro está en el área de Recursos Humanos.

Otro caso es el del contralor del Tepjf, José Izcoatl Bautista Bello, cuya esposa Alejandra Montoya Mexía labora también en el Tribunal. No son discutibles, desde luego, las capacidades y méritos de la doctora Montoya, pero resulta insoslayable el conflicto de interés de su esposo.

Herencia

Hay otros casos que involucran a funcionarios actuales y magistrados de salas regionales y está también la herencia peculiar que dejó el hoy exmagistrado Pedro Esteban Penagos López, con dos sobrinos y un hijo distribuidos en distintas salas del Tribunal.

He mencionado que la planeación efectiva no está presente en el Tepjf y una de sus consecuencias es el abultado número de secretarios de estudio y cuenta. En integraciones anteriores, la Sala Superior efectuaba una prospectiva cuidadosa para determinar un número aproximado de asuntos que llegarían a su jurisdicción y, con base en ella, se contrataba personal adicional a la plantilla básica de 10-11 secretarios en promedio por ponencia. En la actual integración la Dirección de Estadística parece haber realizado una prospectiva no tan cuidadosa, consecuencia de la cual es la existencia de 124 secretarios de estudio y cuenta para los siete magistrados, casi 18 en promedio. Y, además, es seguro que habrá más contrataciones.

El número de litigios que deberá atender el Tepjf este año casi con seguridad será el más grande de su historia, pero lo cierto es que en la actualidad los secretarios no tienen mucho trabajo y difícilmente podrían justificar un salario de 95 mil pesos mensuales. Después de una revisión cuantitativa a los asuntos abordados en las seis primeras semanas de este año, puede inferirse que los proyectos resueltos por la Sala Superior (21 a la semana en promedio) pudieron ser atendidos por la plantilla de uno solo de los magistrados, Felipe Fuentes Barrera, en cuya ponencia laboran 21 secretarios. Y Fuentes no es el magistrado con la ponencia más grande, pues Felipe de la Mata Pizaña tiene 24.

Por su parte, hay magistrados que llegan a sus oficinas cerca del mediodía (entre ellos la presidenta), que no laboran por las tardes y dejan el trabajo a sus secretarios. Debe exceptuarse de esa conducta frívola e irresponsable a Reyes Rodríguez Mondragón y a De la Mata, quienes tienen fama de estudiar y atender con diligencia sus tareas jurisdiccionales, si bien Rodríguez es el único que ha mostrado un genuino compromiso con la imparcialidad y un encomiable espíritu garantista.

¿Puede ser confiable una institución parcializada, laxa y con la mayoría de sus magistrados desaprensivos y serviles?.— Ciudad de México.

@EduardoRHuchim

Periodista

 

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