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¿Elecciones limpias?

Filiberto Pinelo Sansores (*)

La posibilidad de que las próximas elecciones sean limpias se enturbia cada día más por la amenaza del gobierno peñista de continuar interfiriendo en ellas, algo nada extraño, pues a lo largo de su historia de más de 80 años, el PRI, su partido, no ha hecho más que cometer un fraude electoral en cada elección en que participa. Los únicos que lo niegan son sus miembros. Para ellos, vivimos en un paraíso democrático.

Los dos últimos ejemplos de fechorías priistas están todavía frescos, se dieron en las elecciones del año pasado en el Estado de México y Coahuila. Ambas quedaron grabadas en los anales de los cochineros electorales por el empleo abrumador de recursos públicos para comprar votos y por la parcialidad de los árbitros electorales que se hicieron de la vista gorda, ante los fraudes. En ambas, el PRI echó la casa por la ventana en materia de tirar recursos y los organismos y tribunales electorales se exhibieron con sus torcidas interpretaciones facciosas.

Fue tan exitoso el modelo empleado, que el candidato priista Meade anunció en un mitin de su precampaña celebrado recientemente en Edomex, donde fue el mayor de los dos estercoleros, que repetirá el numerito a nivel nacional, pues gracias a ello su partido, que libró ahí “una batalla que se veía muy complicada”, obtuvo el triunfo. Por lo que, “inspirados” en él, “el primero de julio de 2018, ¡vamos a ganar!”, ante la euforia de los mapaches que rabiosamente lo aplaudían. Mayor cinismo no se puede encontrar.

Eso sí, para simular que están preocupados porque en México impere la democracia, estos hacedores de trampas, que tienen en sus manos las riendas del país, organizan toda clase de eventos para engañar incautos. Hace unos días, por ejemplo, algunos gobernadores de la Conago, entre ellos, el nuestro, firmaron junto con los representantes del INE, el TEPJF y la Fepade una rimbombante “Declaración por la Democracia y la Legalidad para el Proceso Electoral 2018”, que contradice todo lo que, a ojos vistas, la inmensa mayoría de ellos, practican.

En ese documento se comprometen a “garantizar condiciones de equidad en la contienda y el adecuado desarrollo de los procesos electorales” y refrendan “su compromiso con la democracia y para que el desarrollo de los procesos electorales se realicen en un marco de seguridad, justicia, equidad y legalidad”. Uno de los firmantes del mismo fue el gobernador yucateco Rolando Zapata, quien hace unos meses, el 19 de diciembre, se comprometió, en una encerrona de priistas que creía herméticamente secreta, con José Antonio Meade, el anodino candidato de su partido, a usar su cargo, hasta niveles de ignominia, para favorecerlo.

Su intervención en el conciliábulo, que fue grabada subrepticiamente en un vídeo que circu- ló ampliamente en redes sociales, pinta de cuerpo entero la simulación que caracteriza a quienes, con posturas de dos caras, tienen como oficio engañar al pueblo.

Con el ya conocido estilo demagógico de los políticos arribistas, que destilan melcocha para adular a los de “arriba”, Zapata Bello se dirigió a sus escuchas y al nuevo “Becerro de Oro” de los priistas, al que adorarían si triunfara, para decirle: “Estamos muy contentos porque estamos acompañando al próximo presidente de México, a ¡Pepe Meade! Muchas gracias, Pepe. Pepe, ante todo, es un gran amigo de Yucatán. Tenemos incontables episodios, experiencias, que lo demuestran”.

Y continuó: “Por una distinción de su partido, Yucatán es de los primeros estados que está viniendo a recorrer. Y decirle a Pepe que se encuentra aquí reunida, junto a mí, una espléndida representación de los priistas de Yucatán. Esta reunión, para nosotros, es muy importante, es parte esencial de nuestro partido.

Lo digo con una gran convicción y con orgullo. Yo digo que el priismo de Yucatán es el mejor priismo de México. Mi compromiso este año será hacer ¡todo!, ¡todo!, ¡todo! lo que me corresponda para que gane el PRI en 2018. ¡Es mi compromiso! Quiero, Pepe, decírtelo”.

Después de estas vergonzosas palabras, ¿puede alguien pensar que el gobernador priista yucateco va a honrar los compromisos que firmó como miembro de la Conago en el sentido de “garantizar condiciones de equidad en la contienda electoral, que las elecciones “se realicen en un marco de seguridad, justicia y legalidad”, “vigilar “los límites de los recursos y las aportaciones para las campañas” e imponer, en su caso, “las sanciones correspondientes?”. ¿Ustedes qué piensan, amables lectores?

Zapata Bello navega con bandera de demócrata y progresista, y usa para ello un discurso que tiene como marca el elogio a su persona y un gasto millonario en publicidad. No se sabe, a ciencia cierta, a cuánto asciende el dinero que realmente invierte en las obras públicas que presume, a cuánto lo que va a parar a la bolsa de quienes practican el sangrado de los presupuestos o a la caja del partido y sus candidatos que, como a todos consta, están siempre en campaña.

Al parecer, esto no es suficiente porque como dijo el gobernador yucateco, en el encierro de marras, la situación requiere que se tire a fondo y haga “¡todo!, ¡todo!, ¡todo! —¿Qué significará este tres veces todo?— para que gane el PRI en 2018”.

En términos concretos no es posible saberlo, pues el arsenal de su experiencia es vasta y va desde la alteración de actas en una elección como la del décimo distrito de Tizimín en 2001, hasta la operación Ivonne en 2007 y la suya propia en 2012.

En esta ocasión, sin embargo, las condiciones no son propicias para obtener los resultados favorables que esperan con sus trampas los priistas, porque el desprestigio de la opción que representan ha hecho que la inmensa mayoría de los ciudadanos los miren con desprecio, no obstante tratar de congraciarse con ellos. Las encuestas muestran que en ningún lugar del país tienen la posibilidad de ganar alguna gubernatura, además de que, en la presidencial, están muy lejos del candidato puntero, el de Morena. Pero eso los hace doblemente peligrosos.— Mérida, Yucatán.

fipica@prodigy.net.mx

Maestro en Español. Especialista en política y gestión educativa

 

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