Cosas que pasan

Manuel Antonio Alcocer Hernández (*)

Ya se han escrito y hablado muchas opiniones de lo que puede pasar en estas elecciones, de la situación en que están los partidos políticos y los candidatos; incluso se ha comentado qué candidatos tienen posibilidades de triunfo y quiénes están perdiendo el tiempo, y de muchas otras cosas relacionadas con el ya cercano proceso electoral que viviremos el primer domingo de julio. Sería bueno conocer la situación patrimonial de todos quienes abanderarán a los diversos partidos y coaliciones, incluyendo a los 106 candidatos a las alcaldías yucatecas. El pueblo tiene derecho a saber cuáles son los bienes en dinero y propiedades de quienes podrían gobernar, para que al término de su mandato se sepa si se enriquecieron o gobernaron con honestidad.

Hay muchos ejemplos de gobernantes en los diversos niveles que su mandato termina como si se hubieran sacado la lotería. Entraron “brujas” y salieron con dinero en los bancos y propiedades que levantan sospechas entre los habitantes de la comunidad de que se trate o en el Estado que gobernaron, en este caso, Yucatán. Y no se trata de tirar la piedra para ver a dónde cae. Se debe practicar el ejercicio de la transparencia y dar a conocer cuál es la situación patrimonial de quien nos gobernará. Si viven en la misma casa, si tienen automóviles que trabajan como taxis, si han comprado ranchos utilizando a prestanombres. Al pueblo se le pueden informar muchas cosas, pero nadie lo engaña.

Tampoco se trata de acusar al antecesor solo porque pertenece a otro partido. Es común que el fanatismo político llegue a esos extremos, pensando en ángeles y demonios. Ya se habló de los “moches” y no pasó gran cosa. Todo se redujo a especulaciones y a algunos tratos en las cúpulas que permitieron dar carpetazo a asuntos económicos que se podrían demostrar si las autoridades competentes hubieran actuado con respeto a los ciudadanos, dando a conocer la verdad de lo que se ocultó. Y no son palabras sueltas y ganas de perjudicar. Los yucatecos podemos ser objetos de burlas y de chistes de mal gusto, pero no somos tontos.

En la justa del 1 de julio se habrán gastado miles de millones de pesos y los informes que presentarán los candidatos a las autoridades electorales no serán fieles. Lo sabemos. En las campañas se gasta mucho más de lo autorizado y no pasa nada. Es parte de la política a la mexicana y quien esté libre de pecado que tire la primera piedra.

Quienes se cambian de partido lo hacen muchas veces porque les llegan al precio. Aclaro que no es en todos los casos, pero sí en muchos. Aquí sí al que le venga el saco que se lo ponga, porque el pueblo ya sabe sus medidas. Usted querido lector, ¿ha oído que fulano se pasó a otro partido porque le dieron una buena lana? Dicen que cuando suena el río algo trae. Y no se trata de nadie en particular porque la tentación cualquiera la vive.

Pero independientemente de la transparencia económica, está la transparencia política. ¿Cómo puede un político con raíces en algún partido cambiar su ideología de la noche a la mañana? ¿Tiene seriedad o es conveniencia personal cambiarse de un partido a otro para tratar de alcanzar metas personales sin tomar en cuenta a quienes representó durante años? Yo no logro entender cómo se gobierna en coalición. Lo primero que se me viene a la mente es mi época de estudiante de secundaria y preparatoriano, que cuando te “fajabas” con alguien que te ganaba limpiamente recurrías a tus cuates para que la venganza de la paliza fuera entre todos o contra quien escogiera el contrincante. Creo que allá nacieron las famosas bandas, que ahora se trasladan en sus propósitos a la política con el nombre de coaliciones.

Porque no entiendo cómo pueden gobernar en conjunto varias y contrarias ideologías. Si se integra un equipo con miembros de diferentes ideologías, ¿quién dará la pauta de proyectos y planes en bien del pueblo? Porque algunos tienen una visión somera de lo que el pueblo necesita para mejorar su calidad de vida, en tanto que otros ven con más profundidad lo que hay que hacer para remediar los males de la mayoría de la población.

En fin, como dice un personaje de la televisión, “que alguien me explique”. Es todo por hoy.— Tizimín, Yucatán.

Cronista y exalcalde de Tizimín

 

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