La desigualdad
Mario J. Correa Ponce (*)
No podemos ayudar a todos los necesitados, pero sí todos podemos ayudar a alguien que necesite.
En estos tiempos de efervescencia política en que las izquierdas y las derechas se despedazan con diatribas y prometen el paraíso, mientras saben que no cumplirán, cada uno puede poner un granito de arena por México y, al margen de los políticos y sus partidos, tomar partido por los que más necesitan.
Todos conocemos familias necesitadas; a muchos o nos sobra o podemos compartir un poquitín de lo que nos parece necesario, son muchos los que sólo comparten el hambre. Más que caridad es dar dignidad, prediquemos con el ejemplo, apadrinemos a un niño, a una familia, a una escuela, a un hogar de ancianos.
Si todos hiciéramos algo, México ganaría y los caudillos populistas tendrían menos oportunidad para manipular y engañar. Ver qué necesidades tiene nuestra gente más cercana, empleados, servicio doméstico, etcétera.
La extrema pobreza no es monopolio de México, pero como mexicanos es nuestro deber evitar que ésta continúe siendo una realidad nacional, o lo hacemos o pagaremos las consecuencias.— Mérida, Yucatán, a 10 de abril de 2018.
mario.correa@marcotrade.com.mx
Empresario
