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La guerra sucia

Irving Berlín Villafaña (*)

Las campañas negativas son muy antiguas en Estados Unidos y sus efectos se estudian desde la década de los años 70 del siglo pasado. En México se usaron de manera contundente hace 12 años, en la campaña que llevó a la presidencia a Felipe Calderón, y provocó un conflicto poselectoral que parió el sistema electoral mexicano actual: comunicación televisiva controlada por criterios burocráticos de equidad impuestos por la Ley electoral al INE.

En México, a diferencia de los Estados Unidos, no prevalece el criterio de máxima libertad de expresión, sino el de máxima equidad en la contienda, controlando este tipo de mensajes en los medios electrónicos de comunicación. Esta regulación, como se sabe, no incluye las redes sociales, por lo que el centro del contraste se ha localizado en el Facebook, el twitter, el Instagram, los blog y las páginas “web”.

La guerra sucia está confinada, de momento, al espacio público virtual, donde es especialmente valorada y apreciada. Andrés Manuel López Obrador es uno de los actores políticos más atacados, con razón o sin él. En lugar del obús televisivo de hace 12 años, ahora tenemos decenas o tal vez cientos de miles de memes, videítos, cortos, historias, fotografías, montajes, noticias, editorializaciones, dramatizaciones, contra el líder de morena. Hay de todo. Hay materiales inteligentes, chistosos, irónicos, bárbaros, vulgares, audaces, inútiles, verdaderos, manipulados, falsos, etcétera. El catálogo de ataques es interminable y no se ve que en las próximas fechas esto vaya a disminuir. No obstante, todo parece indicar que esta guerra abierta digital le hace a Andrés Manuel lo que el viento a Juárez. Cualquier estudioso de doctorado tiene en el tema una muy buena tesis de posgrado.

Desde luego, AMLO no es el único actor político que está siendo atacado en redes sociales. Sólo lo pongo en primer lugar dada la potencia, virulencia y persistencia que tiene el ataque, y porque es de llamar la atención su poca efectividad considerando su mantenimiento en el liderato de las posibilidades del voto. Incluso cada noche veo en la televisión mexicana que el ataque de redes se está volviendo el ataque sistémico de los medios de comunicación dominantes en este país.

Lo que todavía no vemos es su impacto en esa legión de indecisos, cuyo número es alto y anda durmiendo la mona sin tomar ya una decisión sobre su voto.

La red es el sitio permitido del desfogue tanto de las bajas pasiones de grandes legiones de mexicanos, pero también el laboratorio de los ataques que pueden venir de los partidos, de sus organizaciones paralelas, de sus simpatizantes, de ejércitos de robots, cuentas falsas y hasta de cualquier agrupación que desee incidir en el debate digital.

Los ataques contra Meade, López Obrador, Anaya, el “Bronco” y Margarita Zavala son, en los días actuales, los mensajes más consumidos, dispu- tados y circulados por las redes mexicanas. No hay control ni regulación. Ahí sí prevalece el criterio de máxima libertad de expresión o tal vez el de máxima ofensa.

La democratización de la guerra sucia es pareja, si vemos que casi no hay jinetes con cabeza. Todos los actores políticos corren desnudos y decapitados por la pradera. Nadie se salva. Es verdad que aquellos contendientes que van abajo en las preferencias electorales usan, presuntamente, con más vehemencia y fe este método ante la incapacidad de encontrar la fórmula para despegar. Parecen decirnos: si yo no subo, pues que baje el otro.

Los que van arriba pueden ensayar piezas artísticas como el reciente vídeo de la chica mexicana “pirruris” que se declara morenista en franca rebeldía con sus padres o el biográfico de Andrés Manuel filmado por el grupo Argos de Epigmenio Ibarra.

De cualquier manera, la combinación ataque-defensa-promoción es frecuente en las redes sociales de diferentes maneras.

No puedo decir que sean las redes sociales los instrumentos nuevos que marquen el derrotero de las campañas electorales. El ecosistema de medios es más complejo y numeroso, y cada uno de ellos plantea formas de relación y persuasión a sus audiencias. Lo que sí, son el medio más barato para desatar pasiones y deformar la idea que se tiene de civilidad.— Mérida, Yucatán.

iberlin@prodigy.net.mx

Antropólogo, doctor en ciencias de la información y excolaborador de Renán Barrera y Mauricio Vila

 

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