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¡Eucaristía!

Por Ernesto Arévalo Galindo (*)

“Del mismo modo que no sería un esclavo, tampoco sería un amo. Esto expresa mi idea de la democracia”. Abraham Lincoln, abogado, político y presidente de Estados Unidos

A pocas semanas de la gran decisión de elegir al futuro presidente de México, la sociedad vive un serio conflicto existencial como consecuencia de la polarización de los candidatos, quienes encabezan una verdadera guerra de clases sociales: los pobres contra los ricos; los ricos contra las pobres. Creo que no es la primera vez que escribo textualmente “los pobres contra los ricos; los ricos contra los pobres” porque la Isla Cozumel, enclavada en el Caribe mexicano, es la máxima expresión de lo vivido en el ámbito nacional. ¡Triste época!

No soy esclavo ni amo de un candidato o de un partido político, cuando veo cómo mi país está seriamente amenazado por una confrontación de ideologías políticas, aunque millones de ciudadanos ni siquiera tienen la más remota idea de lo que significa un pensamiento político, pero quieren comer, necesitan de atención médica y exigen paz. Lo peor es que los responsables de las ideologías políticas no los están tratando como seres humanos, sino los están visualizando como estadísticas; mejor dicho, votos.

A principios del mes en curso, la Isla Cozumel fue sede del Congreso Eucarístico “1518-2018: 500 Años de la Primera Misa en Cozumel”, cuyas actividades fueron muy significativas destacando la Santa Misa Solemne por el excelentísimo monseñor Franco Coppola, nuncio apostólico de México. Asistieron aproximadamente siete mil personas de diversas clases sociales, quienes también atestiguaron la bendición de la Capilla de la Santa Cruz de Cuzamil, en proceso de construcción.

Miles de personas de todas las clases sociales. Muy importante, pero la congregación se dio precisamente en momentos de una lamentable confrontación social.

Nuevamente: los pobres contra los ricos; los ricos contra los pobres. La fe de un pueblo católico les permitió convivir por unas horas, porque la política los tiene confrontados. ¡Ahí! En el mismo evento estuvieron los buenos contra los malos; los malos contra los buenos. Orando. O fingiendo orar.

El representante del papa Francisco en México celebró la eucaristía. Consagró el pan. Consagró el vino. Memorial de la muerte de Jesús. Memorial de la resurrección de Jesús. Ante el pueblo católico de Cozumel. Ya no el de antes: unido. El de ahora: desunido. Sin embargo, todos oraron. Unos por convicción. Otros no.

¿Cómo lo sé? Porque sus acciones y sus hechos no han correspondido con sus palabras. No han correspondido con sus promesas. No han correspondido con sus ejemplos. Dividir a un pueblo por un poder es imperdonable. Omitir la responsabilidad de un pueblo también es irresponsable.

En el ámbito nacional, el pueblo está a punto de definir un cambio no nada más de gobierno, sino de ideología. Una ideología, en el marco de un ambiente de confrontación de clases sociales: los de abajo contra los de arriba; los de arriba contra los de abajo. Al tanto, los candidatos prometen abatir la pobreza. Los candidatos ofrecen devolver la paz. Los candidatos garantizan servicios médicos. Los candidatos hablan de la educación. ¡Los candidatos! ¡Los candidatos! ¡Los candidatos!

¡Algo falta! Consagrar a la sociedad. Consagrar a la política. Ofrecer algo sagrado a la sociedad. Ofrecer algo sagrado a la política. ¡Patriotismo!

¿Quién tiene la virtud? Es decir, el compromiso consigo mismo y con la sociedad para sacar adelante a México. ¿Quién se atreve a lo bueno? Y de lo bueno a la reconciliación. Y de la reconciliación al progreso. ¿Quién se atreve?

¿Quién se atreve a consagrar a la sociedad? ¡A la política!

A una nueva eucaristía.— Cozumel, Quintana Roo.

arevalo61@yahoo.com.mx

Periodista

 

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