Cosas del Mayab

Miguel Ángel Orilla (*)

Lector amigo, déjame contarte:

Cuando llega el mes de junio, a los ixileños se nos alegra la vida…

Y cómo no habría de ser, si por esos días se inician los gremios de la fiesta anual dedicados al patrono San Bernabé y cuyo su punto culminante es el día 11.

Hasta la naturaleza se presta para darle un ambiente festivo a las celebraciones de esta pequeña comunidad; la plaza principal, desde luego, luce sus mejores galas.

Florecen de manera abundante los rojizos flamboyanes con sus “machetes” y la “lluvia de oro” tapiza el suelo con sus pétalos amarillos dándole un toque precioso al paisaje pueblerino. Hasta el añoso cedro reverdece y esparce su típico e inconfundible aroma.

Por las tardes, la lluvia baña las angostas calles del pueblo; se siente el característico olor a la tierra mojada, esto no es impedimento para que gente de todas las edades participe en el recorrido del colorido gremio que lleva entre sus manos muy ufano: banderines, estandartes, pabellones, ramadas, presididos por mestizas que lucen elegantes ternos y que bailan la “Cabeza del cochino”, amenizado por la música de charanga; enmarcado todo esto con el tronar de “voladores” y el repiqueteo de campanas del máximo templo parroquial.

En medio de este panorama, el espíritu de los lugareños se aviva porque este ambiente nos dice que la fiesta ya llegó, ya está aquí. Valió la pena la espera de todo un año.

Un tiempo en que hasta el más pobre campesino ahorró para luego comprar ropa y calzado en Mérida.

O bien, para compartir la mesa, aderezada de cebollitas, entre parientes y compadres, que de seguro lo visitan; en fin, gastan hasta lo que no tienen.

El lugareño, participa en los actos religiosos, en la regia vaquería, en los bailes y corridas de toros, y acostumbra comer chocolomo y “xix” de sebo caliente con su limón; una costumbre muy arraigada.

Todo esto es causa de una alegría muy íntima y satisfactoria.

Al ver el ajetreo y afán de participación de la gente en la feria del pueblo, sólo cabe repetir lo que dice el poeta: “… y cuando ese milagro realiza el prodigio de divertirse, hay campanas de fiesta que cantan en el corazón”.— Ixil, Yucatán.

miguelorilla.cosasdelmayab@gmail.com

Escritor

 

Hasta la naturaleza se presta para darle un ambiente festivo a las celebraciones… la plaza principal, desde luego, luce sus mejores galas

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