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La elección presidencial

Macedonio Martín Hu (*)

El 18 de julio de 1928 fue asesinado Álvaro Obregón, fundador del “caudillismo revolucionario”; con ese artero crimen el que se afianzó en el poder fue Plutarco Elías Calles; con la expulsión de Calles del país el 10 de abril de 1936, México fue encausado hacia un régimen presuntamente democrático.

En el mensaje de Calles al Congreso el 1 de septiembre de 1928 declaró el fin de la era del “caudillismo revolucionario”. Anatoli Shulgovski, en “México en la encrucijada de su historia”, señala: “Calles declaró que ya había llegado la hora de pasar de un sistema más o menos velado de gobiernos de caudillos a un más franco régimen de instituciones”. El general sonorense hizo ver a sus correligionarios que no se retiraría de la política, participaría con mayor ahínco como un soldado, tal como corresponde a todo hombre educado en los principios de la Revolución. Calles aprovechó la ocasión para declarar que la desaparición del régimen callista debía conducir a un gobierno de “familia revolucionaria única”. Ese mensaje fue el prolegómeno de la fundación del Partido Nacional Revolucionario (PNR), que nació en el Congreso Constituyente de Querétaro, en marzo de 1929.

Con el asesinato de Obregón, Calles se autonombró como el “Jefe Máximo” de la Revolución, y mantuvo el control del poder; los políticos que sucedieron a Calles, estuvieron sometidos a su férrea voluntad. México fue gobernado en el “Maximato” (1928-1934) por Pascual Ortiz Rubio, Abelardo L. Rodríguez y Emilio Portes Gil.

En 1934 fue electo Presidente el joven militar Lázaro Cárdenas del Río; para evitar conflictos con los grupos callistas y los reaccionarios, Cárdenas ordenó la expulsión de Calles y de sus más cercanos colaboradores.

En marzo de 1929 se fundó el PNR, en 1936 se transformó en Partido de la Revolución Mexicana (PRM) y en 1943 se convirtió en Partido Revolucionario Institucional (PRI). La “familia revolucionaria” sostuvo por 71 años el control político de México. De 2000 a 2012, gobernó el Partido Acción Nacional (PAN) y el PRI recuperó el poder en 2012 con Enrique Peña Nieto, en las elecciones presuntamente más fraudulentas de los últimos años.

Para la elección del 1 de julio de 2018, Andrés Manuel López Obrador, de la coalición Juntos Haremos Historia, ha logrado un porcentaje inalcanzable en las intenciones de votos; expertos señalan que es casi imposible que lo remonten Ricardo Anaya Cortés, de la coalición Por México al Frente, José Antonio Meade Kuribreña, de la alianza Todos por México, y el “independiente” Jaime Rodríguez Calderón, el “Bronco”.

Esta elección presidencial, la más compleja de la historia reciente de México, será la “Madre” de todas las elecciones. La enorme ventaja de AMLO tiene relación con propuestas fundamentales para el desarrollo integral del país: el modelo económico, la política energética y el sistema educativo nacional, entre otras.

De 1917 a 1940 se trazó la ruta de México en el marco de la modernidad y la industrialización; en ese contexto, los sectores más vulnerables de la población fueron los campesinos y los obreros, que padecieron el brutal embate de la modernización del país. En el sexenio cardenista (1934-1940), se impulsaron programas sociales para atender las necesidades apremiantes de la población mayoritaria. Empero, la política económica y social de Cárdenas dieron un giro radical en 1940, y los sacrificados fueron siempre los campesinos y los obreros. Todos los gobiernos posrevolucionarios no cumplieron la justicia social que está establecida en la Constitución Política Mexicana.

La mayoría de los 120 millones de compatriotas cifra sus esperanzas en un gobierno sensible a las necesidades económicas de las familias más desprotegidas del país, porque el modelo económico neoliberal impuesto hace más de 30 años ya se agotó.

Estudiosos de la sucesión presidencial señalan con sólidos argumentos que el 1 de julio las mexicanas y los mexicanos darán una lección cívica a la clase política, algunos de sus miembros más distinguidos viven en un mundo de opulencia. Cuento con elementos para augurar que para los comicios más esperados de los últimos años un gran número de mexicanos ya despertó del letargo que facilitó a los políticos corruptos saquear las riquezas naturales de nuestro país. Cuando un pueblo recurre a su conciencia histórica y social, ninguna fuerza humana lo podría detener.

En estas elecciones, la sociedad mexicana ya se concienció y aplicará los principios de la democracia, pese a las amenazas para que permanezca el continuismo. Se propaga el rumor de que México podría caer en una turbulencia económica si gana el candidato que es un crítico acérrimo del neoliberalismo. La demanda general es un Presidente honesto, humilde, que combata la corrupción y promueva un desarrollo económico integral, equitativo y democrático. En la elección presidencial del 1 de julio está en juego el futuro de México.— Mérida, Yucatán.

chilambalam945@hotmail.com

Maestro de la Universidad Pedagógica Nacional

 

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