Rincón del análisis
Por Miguel Ángel Calderón López
Las cinco estrellas de Brasil y las dos de Uruguay dejaron de brillar ayer abruptamente. Las dos que tiene Argentina se fueron desde antes.
El último campeón del continente americano data del 2002, cuando Brasil, con Rivaldo, Ronaldo y Ronaldinho batieron en la final a la Alemania de Oliver Khan. Desde esa final que se realizó en tierras asiáticas, solamente Argentina ha dicho presente en un partido por la corona, hace cuatro años, y también fue la víctima.
Es claro que el mejor fútbol del mundo se practica en Europa y que en el continente americano no hay tantos representantes que lleguen con la etiqueta de favoritos para levantar la Copa del Mundo. Pero, en un Mundial como éste, llama la atención que habrá cuatro semifinalistas europeos y no son los de siempre.
Brasil y Uruguay vendieron cara la derrota. Los primeros sucumbieron ante la ineficacia y por una actuación de gente grande del arquero belga Thibaut Courtois. La celeste, por su parte, apeló a la épica como siempre en su historia internacional, pero no pudo ante un grosero error de su arquero y la calidad —en conjunto e individual— que mostraron los franceses, desde ahora los claros favoritos al título, con el permiso de la mejor generación en la historia del balompié belga que quiere dar la campanada.
Argentina no carbura y no se corona desde 1986. Colombia tiene jugadores en equipos importantes de Europa y México sigue sin dar el salto de calidad que siempre se espera de él. Todos fuera en octavos de final. Detrás, Perú y Costa Rica decepcionaron y Panamá fue el peor del torneo.
Rusia, Croacia, Suecia e Inglaterra siguen en juego, además de los belgas y franceses. La revolución americana no llegó. Europa manda y, con lo visto hasta ahora, es algo que no parece vaya a llegar a su fin pronto.
