Una debacle sin precedente en el país
Marcelo Pérez Rodríguez (*)
El PRI paga la soberbia, los excesos, los abusos cometidos, los oídos sordos contra la corrupción y la impunidad, el autoritarismo, la demagogia, los vicios que arrastró durante décadas, etcétera, etcétera.
Hoy llora su estrepitosa derrota.
Y entre este copioso mar de lágrimas busca culpables y les pone nombres. Que si el gobierno de Peña Nieto, que si el divisionismo priista ante algunos candidatos, que si la corrupción de los gobernadores, que si el priismo se alejó de las bases y muchos etcéteras.
Sin embargo, el PRI, sus dirigentes y autoridades emanadas de este partido deberían hacer una autocrítica profunda para verse en el espejo de la derrota y mirar sus propios rostros en busca de respuestas.
Son todos ellos los que han contribuido a esta histórica derrota del priismo. La escandalosa corrupción que no tuvo freno, una riqueza económica que no pudieron manejar en forma austera y eficiente, la violencia que dejaron crecer ante la complicidad de las autoridades, los gobiernos que anteponían la riqueza personal al bienestar de la comunidad, su resistencia al cambio y funcionarios, jueces, jefes policiacos, legisladores, alcaldes, gobernadores, dirigentes y presidentes municipales que vivían como virreyes alejados de las necesidades del pueblo.
Y los ciudadanos dijeron basta. Ya no más abusos, ni corrupción, ni violencia, ni impunidad, y visualizaron en el horizonte nuevos caminos, nuevas opciones.
Una catástrofe
Para el PRI es una dolorosa y estrepitosa derrota. Perdió las gubernaturas que estaban en juego, perdió la Presidencia del país y pocos senadores llegan por elección y la vía plurinominal. Una catástrofe electoral inédita en la vida del priismo.
El PRI vivía confiado en las estrategias que realizaba para obtener los triunfos en las elecciones. Sin embargo, ahora no surtieron efecto las despensas que regalaba, el dinero en efectivo que obsequiaba, las promesas que hacía a las audiencias, las presiones que ejercía, la demagogia, el uso del erario. Con nada pudo convencer y el oleaje de sufragios lo hizo naufragar.
El gobierno de Peña Nieto no convenció con la violencia y los desaparecidos que se incrementaron, los gobernadores del “nuevo PRI” que saquearon a sus estados a placer, una economía que sacudía las mesas de millones de hogares, los conflictos de intereses de funcionarios de alto nivel, la corrupción escandalosa y, como cereza del pastel, los gasolinazos. Y el PRI perdió la Presidencia.
En el ámbito estatal, la sombra de una administración pasada de abusos, derroche, corrupción, enriquecimiento escandaloso, nepotismo y autoritarismo estaba presente en la mente de los yucatecos. Además, el gobierno actual pasivo, con un gobernador que dejó pasar para evitar problemas y no ejerció acciones contra la administración anterior por amistades y compromisos partidistas…, dejó muchas dudas entre los ciudadanos.
Y por último un candidato amigo del gobernador y de la exgobernadora de no grata memoria entre los yucatecos y no bien vistos entre los priistas causó divisionismos, inconformidades y resentimientos internos. Ya se veía venir la catástrofe electoral.
Sin embargo, el priismo manejó toda la maquinaria oficial a su favor y los vicios de siempre. Si con estas estrategias logró los triunfos de la señora Ivonne y de Rolando, ahora no pudo con Mauricio Sahuí.
Los yucatecos buscaron cambiar los panoramas nacional y local. AMLO arrolló en el país, incluso con votos yucatecos considerables para el hoy virtual presidente. Mauricio Vila, del PAN, obtuvo la victoria como gobernador, y el candidato de Morena a la gubernatura, Joaquín Díaz Mena, recibió también sufragios, que antes la izquierda no recibía.
El país y la entidad entran a un nuevo panorama político y con proyectos y programas que buscarán cambios en todos los ámbitos de la vida de los ciudadanos, sobre todo la lucha contra la corrupción, la violencia y la impunidad.
La debacle del PRI trae nuevos aires y se vislumbran nuevos horizontes. La izquierda estará presente en la vida política, ya no como oposición sino como fuerza viva para la transformación del país.
El PRI deberá ejercer una autocrítica y refundarse para comenzar a ser una buena oposición. Los diversos partidos convivirán en esta nueva etapa democrática del país, pero en el espejo del PRI observarán lo que no deben hacer. El PRI y los priistas son los únicos culpables de su debacle, de su derrota histórica. Que todo sea por el bien del país y de la entidad. Mérida, Yucatán.— Mérida, Yucatán.
Profesor
