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¡Lealtad!

Ernesto Arévalo Galindo (*)

“La deslealtad lo marca a uno como siendo menos que el polvo de la tierra, y trae además el desprecio que se merece. La falta de lealtad es una de las mayores causas del fracaso de cada camino en la vida”. —Napoleón Hill, escritor estadounidense.

En 1985 el escritor Ramón Iván Suárez Caamal escribió el Himno a Quintana Roo, en cuya primera estrofa se lee: “De las hondas raíces del maya al tesón que construye el presente entonemos, alzada la frente, en un himno, fraterna lealtad. Al unísono vibren sus notas y la voz de tu pueblo te envuelva, lo repita el clamor de la selva y lo cante el tumulto del mar”.

Después de 32 años, los quintanarroenses olvidaron las hondas raíces del maya para construir, alzada la frente, un mejor Estado en fraterna lealtad. ¡No! El presente no es bueno, porque el mal ejercicio de la política arrancó varias lágrimas, partió el corazón y robó una que otra ilusión. ¿En dónde quedó la verdadera tenacidad, como virtud, para conservar la selva, el mar, la historia y la juventud de un pueblo libre, bajo el sol?

La inexorable ley cíclica de los mayas estableció que un nuevo diluvio destruirá algún día a los seres humanos. No hay un inicio absoluto. Tampoco hay un final absoluto. Lo real es que el quintanarroense está acabando con el quintanarroense. Vivir en Quintana Roo significa tratar con malos políticos que viven y usufructúan de la política. Vivir en Quintana Roo significa presenciar la degradación social. Vivir en Quintana Roo significa atestiguar la devastación de los recursos naturales.

Cada vez la selva está siendo desplazada por las obras a nombre de la vocación turística. Cada vez el mar está siendo contaminado perdiendo su color azul turquesa para llegar a ser literalmente oscuro. Cada vez la historia está siendo olvidada para ocasionar la omisión de la identidad. Cada vez, la juventud está siendo ignorada por las crisis de los valores.

En 1974 Quintana Roo nació como Estado Libre y Soberano. El trabajo de los pioneros fue la fuerza de todo un pueblo muy alejado del centro de la República mexicana, para volver la vida más digna. Construir fue la noble consigna y ser libres la eterna lección, como lo escribió —inspirado— el propio Ramón Iván Suárez. ¿En qué momento perdió Quintana Roo el valor para llegar a ser un Estado libre y justo, bajo el sol?

Los políticos, la política, los sindicatos, la corrupción y los haberes han causado que los verdaderos quintanarroenses hayan empezado a luchar contra el viento de la deslealtad y la marea de la intolerancia.

El gobierno y la sociedad podrán argumentar que no son controlables todos los problemas, debido a los factores internos o externos, pero sí pueden llegar a controlar todas las actitudes hacia las problemáticas, porque hay muchos intereses personales o de grupos, Sin embargo, cada quien está moviéndose según la velocidad y la dirección de los vientos, en esta región del Caribe mexicano.

Apenas en el pasado inmediato Quintana Roo afrontó el inicio de su decadencia caracterizado por la carencia de valores morales y éticos. ¡Por ambos lados! El gobierno y la sociedad. La corrupción se extendió a todos los organismos de poder oficial y privado, los excesos de la lujuria fueron típicos, la avaricia y la gula empantanaron a la sociedad, la cultura se banalizó, los valores tradicionales fueron corrompidos y el libertinaje se confundió con la libertad; lo anterior, como culto.

La lucha para acabar con la individualidad o los grupos, entendidos como beneficios por encima del bien común, es la razón de la existencia.

La deslealtad está marcando como menos que el polvo de la tierra. La falta de lealtad está arrastrando al fracaso cada camino en la vida.

Si Quintana Roo continúa pasmado por el influjo de las pasiones humanas estará condenado a su perdición.

¡Lealtad!— Cozumel, Quintana Roo.

arevalo61@yahoo.com.mx

Periodista

 

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