Federalismo en riesgo
Olegario M. Moguel Bernal (*)
Para Mauricio Vila la clave está en la política.
No sólo el genuino federalismo puede quedarse en el intento. También el alumbramiento de una nueva etapa de desarrollo cívico, social y económico para el estado puede venirse abajo por las luchas políticas en Yucatán.
Leíamos en el Diario la advertencia de Jorge Castañeda sobre la venida de un nuevo virreinato, el de los procónsules del gobierno federal que coordinarán los esfuerzos en los estados. Esta nueva figura pondría en riesgo el pacto federal y empequeñecería el poder y la soberanía de los gobiernos locales.
Bien lo advirtió Enrique Krauze en reciente visita a Mérida: para ejercer contrapeso al gobierno federal (en caso de que ganara López Obrador, decía el historiador) los estados deben fortalecer el pacto federal. Pues bien, hábil como es, AMLO dio el primer paso para zancadillear ese antídoto.
Cierto que López Obrador no sería el primero en querer el control nacional socavando el federalismo. Porfirio Díaz lo hizo a finales del siglo XIX, después de la Reforma, repartiendo canonjías y tierras, principalmente a los militares bajo su férula para que ellos a su vez tomaran el control de los estados. Después de la Revolución, Calles vio en este control una fórmula de mando y pacificación del país vía el reparto de beneficios manteniendo los hilos desde el Centro. El sonorense añadió un factor que haría perdurar su proyecto por décadas: el poder sería unipartidista, no unipersonal.
Si bien el tabasqueño quiere poner en marcha una cuarta transformación del país, a diferencia de Díaz y Calles o de los primeros años del México independiente, no se enfrenta a rebeliones de generales o emperadores que pretendan arrebatarle las riendas de la nación. Nadie pone en duda que llegará al poder totalmente legitimado por el voto de la mayoría de los mexicanos. Ni su liderazgo ni la institución presidencial corren riesgo.
El caso Yucatán
En Yucatán el asunto resultará doblemente complejo para el virtual gobernador, quien no sólo lidiará con un gobierno federal que debilitaría el pacto federal, sino que, al mismo tiempo, por primera vez en la historia reciente del estado no irá acompañado de un Congreso con mayoría de su partido o coalición.
El reparto de curules arroja que sólo ocho de los 25 legisladores locales serán de la coalición que llevó a Mauricio Vila al poder, integrada por el PAN y Movimiento Ciudadano. Diecisiete llevarán la etiqueta de “oposición”.
Desde los años de Bartolomé García Correa, en los tempranos 30 del siglo pasado, hasta Rolando Zapata Bello, el poder Ejecutivo estatal ha tenido al Legislativo a su servicio, o al menos no ha sido una piedra en el zapato. Aun cuando Patricio Patrón Laviada ocupó la gubernatura (2001-2007), la fórmula que lo llevó al poder tuvo mayoría en el Congreso.
A su paso por el palacio de la 62 Vila demostró ser buen administrador de los fondos públicos. Considerando que los brazos de un líder son el económico y el político, del primero podríamos esperar un manejo aseado, más aún si la sociedad civil ejerce una labor de vigilancia férrea, a lo que Vila parece estar abierto.
El otro brazo, el político, será el embrague que marcará el ritmo al que avanzará el motor de su administración. Son muy vendibles mediáticamente los triunfos del PAN en el estado y en la capital, pero en materia política la clave está en las relaciones con Palacio Nacional y con los congresos federal y, principalmente, local. Aquel que sea su vínculo con estos poderes será la pieza clave de su gobierno.— Mérida, Yucatán.
olegario.moguel@megamedia.com.mx
@olegariomoguel
Director de Medios Tradicionales de Grupo Megamedia. Politólogo por la UNAM
