La derrota del PRI
Mario Benjamín Valadez Meraz (*)
No seré un politólogo de prestigio, pero siempre he sido muy acertado en mis predicciones, tanto, que en las elecciones del 1 de julio pasado acerté los triunfos de Andrés Manuel López Obrador, para presidente de México; Mauricio Vila Dosal, para la gubernatura del Estado; Renán Barrera Concha, para la alcaldía de Mérida; Jorge Carlos Ramírez Marín y Verónica Farjat Camino, para el Senado de la República, y Cecilia Patrón Laviada y Elías Lixa Abimerhi, para el Congreso de la Unión.
Asimismo, aseguré que las curules de nuestro Congreso local serían repartidas entre las coaliciones del PRI, PAN y Morena. Es más, mi profecía en la que aseveré que Ivonne Ortega Pacheco no desempeñaría ya ningún cargo público, al parecer será un acierto más.
En virtud de que en mi colaboración anterior analicé a los candidatos a la Presidencia de la República, en esta ocasión me enfocaré en los candidatos del Estado.
No pretendo polemizar ni mucho menos hacer leña del árbol caído, pero si los priistas buscan respuestas de por qué perdieron la gubernatura, en su propio partido las encontrarán.
Si tienen que culpar a alguien de las derrotas, el único responsable es el PRI porque tras su debacle nacional en 2016 no solo no iniciaron una campaña permanente de reconciliación con la ciudadanía que les diera certidumbre en estas elecciones, sino que gracias a la soberbia e ineptitud de sus dirigentes el partido sufrió el segundo descalabro de su historia al cometer infinidad de errores.
Se equivocaron al elegir a Carlos Sobrino Argáez como su presidente, porque además de haber sido improvisado en el cargo y adolecer del liderazgo necesario para conducirlo, su desempeño en el servicio público siempre ha sido trivial.
Se equivocaron de nuevo al elegir a sus candidatos para las contiendas electorales porque privilegiaron a los grupos del poder. Por si esto fuera poco, la publicidad electoral para su aspirante a la gubernatura simplemente no impactó en los ciudadanos.
No sé si el enemigo lo tengan en casa, pero la derrota de Mauricio Sahuí Rivero y la de Orlando Paredes Lara en 2001 tienen muchas coincidencias. Lo cierto es que otro gallo les hubiese cantado si hubieran postulado al licenciado Jorge Carlos Ramírez Marín, porque sin haber hecho una campaña tan exhaustiva fue quien logró el mayor porcentaje de votos en esta ocasión.
Pero como el hubiera no existe, mejor ahí le paro. No generalizo por respeto a los militantes honestos y comprometidos con el partido, pero en estos momentos de derrota me pregunto: ¿Dónde están esos priistas prepotentes y soberbios que se creían los dueños del servicio público?
Si el PRI no hace una profunda reflexión sobre sus derrotas y cambios drásticos a sus estatutos y bases, y expulsa a todos los que se enriquecieron a costa del erario, estará condenado a desaparecer.
En estos momentos, Liborio Vidal Alcocer ha de estarse lamentando por haber declinado a ser el candidato de la coalición “Juntos Haremos Historia”. Hoy sería el coordinador del gobierno federal en Yucatán.
Y ya que mencioné a Jorge Carlos Ramírez, lo felicito por su triunfo y lo conmino a que legisle sin importar colores ni ideologías políticas. Que los acuerdos que logre beneficien a nuestro Estado, en especial a todas las personas con discapacidad, como un servidor, que hemos sido marginados y discriminados por sociedad y gobierno.
Yucatán merece que se establezca el instituto que concentre a todas las personas que adolecen de seguridad social y oportunidades de trabajo.
El histórico crecimiento de Morena en el Estado será un parámetro para las próximas elecciones. Quienes deberían estar más preocupados son los del PAN, ya que si el gobernador electo Mauricio Vila Dosal no cumple sus promesas campaña, entonces estaremos pronosticando que en 2024 se romperá el bipartidismo en el Estado. Pero solo el tiempo dirá cuán acertado estuve.— Mérida, Yucatán
mariovaladez_48@hotmail.com
Contador-auditor. Exasesor de gobiernos emanados del PRI
