El porvenir de la política
Irving Berlín Villafaña (*)
Ha corrido tinta para interpretar los resultados del 1 de julio y sus repercusiones futuras. Yo no veo más efecto que el efecto destrucción del PRI que trajo consigo votos cruzados descomunales, alineamientos paradójicos hacia Morena —organización tan llena del PRI como tantas otras— y otros empoderamientos tradicionales.
El pasado. Los resultados yucatecos que confirmaron el triunfo presidencial de López Obrador; el gobierno del Estado y varios municipios importantes para el PAN y el Congreso local al PRI, representan la voluntad ciudadana de cambio y resistencia. Mérida votó clara y mayoritariamente por un alcalde y diputados panistas, mientras que la elección gubernamental y de legisladores sufrió una fragmentación de esta visión opositora, ocasionando que Mauricio Vila Dosal disminuyeera su base de legitimación comparado con los otros gobernadores de este siglo. El último reducto priista se confinó en la cámara de diputados y poco más del 50% de los municipios, aunque no hay que olvidar que el poder judicial es prácticamente suyo.
Esta circunstancia inicial del nuevo gobierno estatal ha sido leída como débil y seguro lo es, si consideramos escenarios en los que Vila Dosal pudiera haber ganado el congreso a su favor, con mayor porcentaje de votos y con más votos que Renán Barrera Concha en Mérida, cosas que no ocurrieron. Más que debilidad, yo veo mérito en el virtual gobernador panista que logró ganar en el único estado que intentó contener el derrumbe tricolor y más que mérito, obligación: tiene un desafío importante que no se enfrenta gobernando como si Yucatán fuera Mérida. Nuestro estado es mucho más que la ciudad y no es posible plantear su desarrollo haciendo las mismas cosas que en Mérida. Mala tos tendría María si vamos a hacer 106 noches blancas en todo el estado.
El presente. Así las cosas, veo un presente de mucho trabajo. El gobierno del Estado es el poder más fuerte de Yucatán, si consideramos el presupuesto, sus márgenes legales y su cantidad de trabajadores. Aunque la gestión ha mejorado, muchas secretarías se guían con formas de organización, reglamentos y leyes obsoletas que es necesario cambiar. Para hacer esto es necesario definir una agenda del cambio tanto administrativo como estratégico, de modo que los nuevos funcionarios no se elijan al capricho sino en función de las habilidades necesarias para lograr ciertos objetivos. El paquete de nombramientos que ya la gente especula que vendrá no tiene ningún sentido si no se acompaña de otra claridad: el tipo de gobierno, sus valores y lo que intenta transformar. Esa luz no existe ya que sólo el sol brilla en estos tiempos de relajamiento vacacional porque nadie ha hecho este análisis estratégico. Es más, durante las campañas nadie preguntó y nadie respondió estas inquietudes pues nos pasamos oyendo promesas del tipo “más doctores, más hospitales, más becas”, que sin duda son importantes pero nada, absolutamente nada sobre el modelo de desarrollo, los objetivos estratégicos en cada uno de los campos sociales y los ajustes administrativos necesarios para impulsarlos. En otras palabras, el presente no es vacacional, sino de planeación de los recursos de la gestión: valores y modelo de cambio estratégico; agendas específicas y los perfiles de los recursos humanos adecuados para desarrollarlos.
El futuro. Los gobiernos por iniciar tienen un horizonte amplio para desplegar sus oportunidades: a) el nuevo presidente desea instaurar un gobierno central de renovación moral y clientelar que seguramente se montará sobre los mayordomos federales locales y las redes priistas alicaídas sin dinero, sin discurso y sin jefe, b) el gobierno de Yucatán puede aprovechar su circunstancia para crear una fortaleza discursiva y programática capaz de afrontar dichos embates y dirigir los cambios que la sociedad requiere y c) el gobierno municipal de Mérida tiene la obligación de liderar procesos de ciudadanía, resolver problemas añejos y hacer valer su experiencia administrativa y política.
El porvenir de la política es incierto. Podemos ir hacia el túnel del tiempo cantando canciones viejas con el “cover” de ni tan nuevos artistas; entrar de lleno a la frivolidad estatal de las fotografías sonrientes o reivindicar el papel de la política para generar bien común.— Mérida, Yucatán.
iberlin@prodigy.net.mx
Antropólogo, doctor en Ciencias de la Información y excolaborador de Renán Barrera y Mauricio Vila
