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Economía para llevar…

José Elias Abdala (*)

Adaptarse al cambio es algo indispensable en la actualidad; el Banco de México es un claro ejemplo de ello.

En días pasados, Banxico dio a conocer la noticia de la desaparición del billete de 20 pesos en circulación del mercado mexicano, así como la introducción de uno nuevo, equivalente a 2,000 pesos. Así que la próxima vez que uno de 20 pesos cruce por sus manos, no dude en guardarlo para podérselo enseñar a futuras generaciones.

Estas modificaciones de los billetes se deben a cuatro puntos: la inflación, una estrategia costo-beneficio, la implementación de nuevas medidas de seguridad y el desarrollo de la banca comercial.

Inflación

La desaparición del billete de 20 pesos refleja una pérdida del poder adquisitivo de la población mexicana y la depreciación que nuestra moneda ha tenido con respecto a las principales economías mundiales. Lo que hace unos años nos alcanzaba para comprar con 20 pesos, ahora ya no nos alcanza, esto se refleja en la inflación acumulada que hemos tenido desde 2002 cuando comenzó el cambio de billetes de 20 pesos impresos en papel por los últimos impresos en polímero.

Desde ese entonces, se ha experimentado una inflación del 90.6%, resultante de una pérdida casi total del valor del billete de 20 pesos. Esto se puede ver en la vida cotidiana de forma sencilla, en 2002 con esa cantidad nos alcanzaba para comprar ya sea 3.5kg de tortilla, 409grs de bistec, 1.8kg de huevo, 2.5lts de leche o 3.53lts de gasolina magna. En la actualidad solo nos alcanza para 1.4kg de tortilla, 140grs de bistec, 0.70kg de huevo, 1.14lts de leche o 1.03lts de gasolina Magna.

El efecto es claro, se ha reducido el poder de compra debido a la inflación. Sin embargo, las personas muy difícilmente reducen su consumo en casi la mitad de un producto y mucho menos cuando se trata de uno de la canasta básica, por lo que se tiene que incurrir a gastar el doble que hace unos años para obtener la misma cantidad del producto que hace 16 años costaba la mitad, ya que con el de veinte pesos ya no es suficiente para realizar la compra en efectivo.

Esto ha producido que el billete de 20 pesos y el de 50 pesos tengan en los últimos años la misma cantidad de producción para su emisión, lo cual no es lo deseado para la economía, lo que nos lleva al punto dos de nuestro análisis.

Estrategia Costo-Beneficio

Los billetes de baja circulación tienen un deterioro y reemplazo más frecuente por ser los de mayor uso, por lo que la impresión del billete de 20 pesos, con su pérdida de valor en torno al poder adquisitivo y su incremento en circulación para equiparar al de 50 pesos, resulta más costosa e innecesaria.

Como consecuancia de esto, el Banco de México realizó un análisis costo-beneficio en donde designó que con base en el valor que el billete de 20 pesos aporta a la sociedad y su costo de producción, es mejor producir monedas de esa denominación que hacer billetes de baja denominación, tanto por su costo como el valor que nos brinda a los ciudadanos.

Seguridad

La renovación de billetes, la cual empezó en 2013 con la fabricación de billetes hechos de polímero, continúa y sigue buscando adaptarse a las necesidades y exigencias tanto del mercado como de la economía nacional.

Es por esto que se pretende continuar e implementar nuevas medidas de seguridad con el objetivo de evitar la falsificación ilegal de billetes, incrementar la durabilidad de ellos con el tiempo e incorporar elementos gráficos que representen la diversidad nacional en distintos aspectos.

Banca comercial

Un último aspecto que busca el Banco de México es tener una banca comercial más desarrollada, tecnológica y menos informal. Al desaparecer un billete de baja denominación, se impulsa el uso de las transacciones electrónicas y de forma gradual disminuir el comercio informal, buscando tener una inclusión financiera a través de una economía más desarrollada y una banca comercial más sólida.

Para llevar…

La desaparición del billete de veinte pesos no es una señal de una posible depreciación de la economía mexicana, ni una espiral inflacionaria, pero lo que sí refleja es una pérdida del poder adquisitivo en las últimas dos decadas, volviendo ineficiente su uso a la fecha.

Los golpes a la inflación no disminuirán en el corto plazo, al menos así lo pronostica Banxico, elevando su expectativa de inflación para el cierre del año de 3.8% a 4.2%, a la vez que seguimos en un período de tasas de interés altas, buscando con este instrumento de la política monetaria combatir la inflación.

Esto ha sido resultado de las expectativas de presiones económicas internas y externas, la incertidumbre de las finanzas públicas de las siguiente administración, la incretidumbre de cierre del Tlcan, el aumento de las tasas de interés a nivel mundial y la depreciación de las monedas de las economías emergentes.

Esperamos que con la estrategia de nuestro Banco Central de adaptarse a la situación económica, tanto interna como externa, se busque el beneficio de la sociedad mexicana y el desarrollo eficaz de la modernización de la banca comercial.

Nos vemos en mi siguiente publicación.— Mérida, Yucatán.

joseabdala11@hotmail.com

Estudiante de Economía

 

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